¿Qué es Yoga? ¿Qué es un yogui?

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 05-02-2017

Bien, amigos, vamos a comenzar tratando de explicar qué es el Yoga. Ustedes saben que Yoga significa, literalmente, «unión», pero es evidente que las palabras no llegan a verter en su totalidad los conceptos que se esconden en su fondo. Así, de tal suerte, entendemos que esos conceptos suelen ampliarse, mitificarse, es decir, que suele hacerse un mito en base a una realidad. Tal vez el Yoga es un ejemplo puro de lo que decimos. Occidente no conoció el Yoga prácticamente hasta fines del siglo pasado y, para ser más precisos, podemos decir que, tras la Segunda Guerra Mundial, las ideas orientales se expandieron por centros intelectuales europeos y americanos. En Occidente, el Yoga es conocido o difundido fundamentalmente durante la segunda mitad del siglo XX, pero nosotros encontramos que esta difusión no responde al espíritu del Yoga en lo oriental.

Nueva Acrópolis - símbolo yogaEn Occidente se ha hablado mucho de Yoga y generalmente se ha tomado la parte física del Yoga, como veremos más adelante. Pululan academias de Yoga, pululan maestros de Yoga, hay gran cantidad de hindúes –algunos legítimos y otros no tan legítimos– que van dando vueltas por el mundo enseñando, formando áshramas (sánscrito: un edificio sagrado, monasterio o ermita para fines ascéticos), dando instrucciones.

Desgraciadamente –vuelvo a repetir–, en un noventa por ciento esas instrucciones no son reales. Se ha explotado una mezcla de ciencia ficción con un poquito de pseudomística y el pequeño egoísmo que todos tenemos. Todos los seres humanos, cuando vemos un anuncio en el periódico que nos promete un televisor o un automóvil a la mitad del precio corriente, decimos: «Este sí que es un negocio», y no nos detenemos a pensar que si una persona pone un anuncio para vender algo a mitad de precio es, o bien porque ese algo no sirve o porque hay algo detrás de esa oferta que nosotros ignoramos, pues salvo algunos pocos espiritualistas que en el mundo han sido, son y que afortunadamente serán por los siglos, la inmensa mayoría de la gente trabaja en función de su egoísmo. Como generalmente todos somos un poquito egoístas, queremos captar «esa» oportunidad.

Ustedes conocerán famosos anuncios en los periódicos y famosos libros que nos dicen: «Hágase yogui en quince días» o «Conozca los secretos del Yoga a través de un curso», que puede costar mucho o puede costar poco. Generalmente nos dejamos tentar y creemos que vamos a poder entrar por la ventana en una casa que tiene las puertas cerradas. Evidentemente, como dirían los orientales, nosotros hacemos un poco de karma, es decir, tenemos que cosechar el fruto de lo que hemos sembrado.

Por tanto, vamos a dejar claro que nosotros vamos a hablar en esta conferencia del Yoga Yoga, permítanme la redundancia, o sea, de los fundamentos filosóficos, metafísicos y psicológicos del verdadero Yoga. Del Yoga, como dirían los antiguos Maestros, vamos a hablar muy poco, y lo poco que vamos a hablar lo vamos a decir en voz baja; por lo tanto, tal vez no todos oigan lo que se les dice. Si piensan que van a conocer todo el Yoga a través de esta conferencia, están equivocados. Si piensan que van a tener acceso a las realidades secretas, están equivocados. Si piensan que van a aprender mentiras, también están equivocados. Lo que van a aprender son verdades y realidades limitadas, porque nadie, ni aun siendo Maestro de Sabiduría, en lugar de humilde discípulo como yo, puede verter uno de los capitales, digamos secretos, que guarda la Humanidad.

El Yoga ha sido muy manoseado. Generalmente se lo identifica con posiciones corporales, con determinadas respiraciones, con determinadas oraciones hechas en un momento de la mañana o en un momento de la tarde; pero el Yoga es mucho más que eso.

Etimológicamente, Yoga significa «unión». Nos preguntamos: ¿unión de qué? Primeramente recordemos que el Yoga es una de las seis Darshanas, es decir, uno de los seis Senderos, una de las seis escuelas de filosofía oriental. Escuchen bien: es uno de los seis Senderos; no es «el conjunto de los Senderos», sino que es solamente uno de los seis; y ese Sendero, esa Darshana, está fundamentalmente ubicada en la unión; unión, primero, de nosotros mismos, y luego, de nosotros con la Naturaleza. Por ejemplo, para que yo pueda mover este papel, lo primero que tengo que hacer es tocarlo, con la mano o mediante un instrumento, tocarlo y empujarlo; para que yo pueda levantar este cable, tengo que ponerme en contacto con él. Para que yo pueda unificarme a mí mismo, lo primero que tengo que hacer es, entonces, conocerme a mí mismo y ponerme en contacto conmigo mismo. Así que el primer paso en Yoga es contactar con el propio ser interior, contactar para poder conocer.

Podemos decir que el Yoga no es exclusivamente oriental, aunque la opinión general sea que el Yoga es oriental y que nació en India. Hay gran cantidad de libros, y unos fijan este nacimiento en tal época, o en tal siglo, o en tal otro momento; pero es como si yo les preguntase, estimados amigos: ¿quién inventó el fuego? ¿Quién inventó la rueda? ¿Quién inventó la escritura?… ¿Quién puede saberlo?

Hay gran cantidad de teorías que son rebatidas a cada momento, a medida que los medios de investigación se van aguzando. Nosotros no podemos caer en las paradojas en que caían los materialistas del siglo pasado, cuando decían: «La estrella más alejada del planeta Tierra está a tantos miles de millones de kilómetros». ¡No! Tendrían que haber dicho: «La estrella más alejada que abarcamos con nuestros telescopios en este año, está a tal distancia». Así, esos materialistas que decían que nuestro Universo tenía una forma delimitada, con tal diámetro y tal radio y lo ponían en kilómetros y aun en metros (porque han llegado a esa ridiculez), se vieron luego rebatidos por las nuevas investigaciones cosmológicas, por los nuevos medios de captación que superaron al telescopio óptico. Así, también nosotros debemos entender que el Yoga hindú es una forma, un momento del Yoga, porque la búsqueda de unión interior ha sido universal, e incluso las técnicas de preparación corporal han sido universales.

Ustedes verán a veces que en libros de arqueología o historia egipcia aparecen determinadas figuras sobre un pie –como el Osiris que está en este salón– o aparecen en posiciones extrañas. Hay también tratados que hablan sobre religión maya o religión azteca y nos parece que sus figuras son danzas o posiciones determinadas. Y no es así. Desde un punto de vista, son Yoga, porque el Yoga no fue jamás privativo de la India, sino que la única civilización antigua que ha llegado más o menos entera hasta nuestros días es la de la India, y por ello a nosotros nos parece que el Yoga es hindú. Pero nos dicen los viejos Maestros que el Yoga ha sido un patrimonio de toda la Humanidad.

Una de las compilaciones más antiguas del Yoga hindú está citada en La Doctrina Secreta, de H.P. Blavatsky. Esta compilación, el Zatapatha Bráhmana, es de Yajña-Valkya. También figura en el Yajur-Veda, en los Áranyakas y en el Bhagavad Gita, como lo saben nuestros discípulos. O sea, que en casi todos los tratados antiguos se habla del Yoga, no como una creación humana, no como un producto elaborado por la civilización hindú, sino como uno de esos tantos elementos con los que desde el fondo de los siglos participó toda la Humanidad.

Para poder entender el Yoga, existe primeramente el Yoga más fácil, el más sencillo, el Yoga «de juguete». El único Yoga que generalmente se conoce en Occidente es el Hatha Kriyá Yoga, vulgarmente conocido como Hatha Yoga. Este es un Yoga de preparación, es un Yoga de introducción al Yoga. Es un Yoga que sirve para aquel que jamás ha hecho Yoga y que quiere empezar a hacer Yoga. Se llama Hatha Kriyá Yoga porque une la posición del cuerpo con métodos respiratorios.

Kriyá Yoga es el Yoga de la respiración, pero en una traducción más antigua del sánscrito –y aquellos que sepan sánscrito me darán la razón– Kriyá no significa «respiración»; Kriyá significa «guerra», «combate». O sea, que el Hatha Kriyá Yoga es un Yoga que no solo incluye posiciones físicas, no solo incluye control de la respiración, sino que fundamentalmente es el Yoga del combate interior. Cuando yo quiero mover este papel, lo primero que siento es la inercia de este papel. Si yo quiero levantar esa estatua, primero sentiré la inercia de la estatua. Y el cuerpo y la evolución humana no son una excepción. Lo primero que sentiré cuando quiera levantarme a mí mismo, va a ser notarlo, tendré que hacer un sobreesfuerzo para empujar esos cuerpos, para ponerlos en movimiento. Por eso decía el Buda: «Hay que poner en movimiento la Rueda de la Ley». La Rueda mundial para Él; la Rueda individual tal vez para nosotros. Pero, de cualquier manera, lo primero que vamos a notar es el combate.

Si alguno de ustedes hizo Yoga, aun Hatha Yoga, y al comenzar no le costó absolutamente nada, puede hacerlo todos los días y sigue haciendo su vida normal, y no tiene ningún problema ni ninguna preocupación, debe saber que ha estado haciendo gimnasia, no ha estado haciendo Yoga; porque el que trata de hacer, o hace, Yoga, lo primero que encuentra es esa resistencia. Cuando yo no quiero mover esto, no recibo resistencia; recibo resistencia únicamente cuando yo lo quiero mover.

Por eso dicen los antiguos Maestros orientales que Hatha Kriyá Yoga tiene tres etapas o tres elementos previos: el primero es Tapas, el segundo es Svádhyáya y el tercero es Pratyahara. Estos tres elementos son fundamentales para comenzar a hacer Yoga. Los traduciré para ustedes. El primero significa «sumisión del cuerpo»; el segundo, «estudio»; el tercero, «devoción» o «sumisión del alma».

Vuelvo a insistir, si toman el Yoga para hacer gimnasia, es perfecto. Pero no están haciendo Yoga, están haciendo gimnasia. Les gusta la gimnasia oriental, y a mí también me gusta, pero eso no es Yoga. Para poder hacer Yoga de verdad necesitamos, primero, hacer que nuestro cuerpo sea sumiso a nuestra voluntad. Los ejercicios para hacer que el cuerpo sea sumiso a nuestra voluntad son muchos y muy complejos en Oriente, pero podríamos resumirlos en una serie de actitudes que tratan en lo posible de que, dentro de los márgenes morales, nuestro cuerpo pueda ser vencido por la voluntad. Mientras tenemos este cuerpo puesto encima, tenemos lógicamente que darle al cuerpo lo que es del cuerpo, pero se lo tenemos que dar cuando nosotros queramos; es decir, si nosotros comemos cuando queremos comer, si dormimos cuando queremos dormir, si amamos cuando queremos amar, dentro de ciertos límites naturales, estamos ya preparándonos para este Yoga. Mas, si nosotros comemos cuando nos viene el instinto de comer, si dormimos cuando los apesadumbrados párpados se cierran aunque tengamos cosas importantes que hacer, si amamos sin discernimiento, sin poder controlar, sin poder elegir, estaremos aún muy lejos del sendero preparatorio que nos va a llevar al Yoga. Entonces, lo primero es mantener sumiso al cuerpo.

La segunda etapa es el estudio. Muchas veces los pseudoocultistas dicen: «¿Para qué sirve la mente? Yo voy a abandonar la mente». Y yo pregunto: «¿Se puede abandonar lo que no se tiene?». Para poder abandonar la mente, primero hay que tener mente. Para poder tener mente, primero hay que cultivarla. Si ustedes quieren tener rosales, ustedes pueden tener un pequeño retoño en una latita escondida debajo de la cama, pero eso no es tener rosales. Tener rosales es tener un jardín con hermosas rosas, perfumes, colores. Y todo ello, ¿vendrá solo? No. Tendremos que regar nuestra primitiva latita, tendremos que hacer trasplantes, tendremos que abonar la tierra, tendremos que cuidar de que los bichos no vengan a comérselos, tendremos que saber sacarlos al sol y esconderlos cuando el sol sea demasiado fuerte.

Así, de la misma manera, y no de manera automática, nuestra mente surgirá a la vida. Debemos cuidar nuestra mente como se cuida una planta de rosas. Tenemos que saber mantenerla, tenemos que darle alimentos. Si el cuerpo físico se alimenta de materia física, ¿de qué puede alimentarse la mente? De materia mental. Si ustedes al cuerpo físico le dan de comer basura, el cuerpo físico enferma y muere. Si a nuestra mente le damos de comer únicamente ideas pornográficas, revistas baratas, cuentecillos de barrio, problemitas caseros, nuestra mente también languidece y duerme. Para que nuestra mente sea robusta y pueda crecer, hay que darle alimento fuerte, hay que darle alimento superior, alimento mental; es decir, buenos libros, buenas conversaciones, buenas imaginaciones. Eso será lo que robustecerá la mente y lo que nos permitirá estudiar; esto es, estudiar es concentrarse sobre determinado punto y llegar a conocerlo. Conocer es poseer. Todo aquello que se conoce y no se posee, se conoce nada más que superficialmente.

Primero decíamos que hay que tener sumiso el cuerpo. Ahora tenemos que desarrollar la mente mediante lecturas, conversaciones, métodos de escuelas filosóficas. Luego, vendrá el Pratyahara, es decir, la devoción, la sumisión del alma. Como se ha sometido el cuerpo a la voluntad, así también, aquello móvil que en nosotros radica y que a veces le solemos llamar alma, debe también someterse, debe también tener devoción, debe también tener visión de Sendero, debe tener teleología (ciencia de las causas finales). El alma que no siente, el alma que no vibra, el alma que no intuye detrás de cada cosa la chispa de algo superior, el alma que es incapaz de ver más allá de las paredes de carne o de piedra que nos rodean, esa alma, todavía está dormida.

Ustedes me están mirando. ¿Creen que me ven? No me ven, y yo tampoco les veo a ustedes. Ustedes y yo somos invisibles. Lo que yo veo de ustedes son los epitelios faciales. Y ustedes ven de mí los epitelios faciales, un micrófono y un poco de ropa. Nada más. Ni yo les veo a ustedes ni ustedes me ven a mí. Estamos viendo nada más que la «cáscara». Por eso, cuando se dice «un hombre murió», «un hombre pasó a lo invisible», se están diciendo tonterías: el hombre siempre es invisible. El hombre puede o no reflejarse parcial o imperfectamente en este mundo de polvo, pero el hombre, fundamentalmente, es invisible. Ninguno de ustedes puede decir: «Yo he visto a un hombre», porque nadie puede ver a un hombre, puesto que el hombre es inmaterial, no se puede medir, no se puede pesar.

Por eso dice el Bhagavad Gita que «nadie puede morir, nadie puede matar»; no porque no se pueda morir o matar físicamente, sino porque el hombre invisible y recóndito está más allá de las heridas de todas las armas. Así, entonces, este tercer paso es despertar el alma a la Unidad, a la Belleza, a la Bondad. A la bondad de corazón, a la bondad como actitud interna, una bondad inteligente, una bondad con Viveka (sánscrito: discernimiento, distinción. Facultad fundamental según la filosofía inda que permite discernir entre lo irreal y lo real, entre lo perecedero y lo imperecedero, entre lo mortal y lo inmortal), como dirían los orientales.

Cuidado también con las imágenes de esos orientales famélicos, torcidos, enfermos, casi babeantes, que suelen salir en las películas de cine o en las fotografías, porque no tienen nada que ver con los verdaderos Maestros orientales, no tienen nada que ver con los hombres que han hecho crecer el Yoga en la India. El Sendero del Yoga, el sendero del esoterismo, el sendero interior, no es para los débiles ni para los babeantes; es para los fuertes, para los que no tienen piedad de sí mismos. Así que esos maestritos con el cabello largo, que suelen salir en las figuras de los libros, asustadizos y que sollozan en los rincones, esos no son Maestros; esos son pobres infelices que no tenían fuerzas para cultivar arroz, pero tenían inteligencia para buscar un grupo de occidentales y decirles: «Yo soy el gurú».

Entendamos, entonces, que el Yoga es un sendero para hombres y mujeres despiertos, para hombres y mujeres fuertes. No quiero decir fuertes como equivalente a «fuerza», ni interesa que hagan músculos. Quiero decir fuertes interiormente, aquellos que no tengan piedad de sí mismos, aquellos que puedan ejecutar en el aquí y en el ahora aquello que su voluntad les está mandando.

Por eso les digo que cuando hablamos de bondad, no hablamos de blandura; cuando hablamos de bondad, hablamos de bondad de corazón y con discernimiento. Si ustedes van por la calle y ven correr un perro rabioso detrás de diez niños de escuela, y ustedes tienen un palo, y dejan pasar al perro diciendo: «Yo soy un estudiante de esoterismo, yo no mataré», ustedes son cómplices en la muerte de los diez niños que corren delante. El verdadero ocultista mata al perro de un garrotazo o lo estrangula con las propias manos. Ese es el verdadero ocultista: el hombre que sabe hacer el bien con discernimiento, no el bien sentimental, sino el bien del que ama profundamente; y amar no es poner cara de bobo. Amar es salir de dentro hacia afuera. Amar es llegar a las cosas y abrazarlas, no con los dos brazos de la carne, sino con los mil brazos del espíritu, como cuando Krishna se aparece en el Bhagavad Gita ante Arjuna y se le muestra con miles de brazos y miles de ojos, y Arjuna, espantado, retrocede y le dice: «No, preséntate de nuevo con figura humana…».

Ese Krishna es, en cierta clave, el alma que tenemos dentro, porque nosotros tenemos dos brazos afuera, pero dentro, para el alma, hay miles de brazos que pueden abrazar a la Humanidad entera, a los árboles, a las piedras, a los colibríes, a las nubes. A todas partes llegan los brazos del alma, y los ojos del alma ven todas las cosas, y los oídos del alma escuchan todos los rumores; así, nosotros, interiormente, tenemos una capacidad insospechada. Esa capacidad es la que trata de desarrollar el Yoga.

Este Yoga introductorio del que estamos hablando nos menciona tres alientos o tres respiraciones. Se nos habla de Püraka, Rechaka y Kumbhaka. Estos tres alientos son lo primero que le enseñan al pobre y desaprensivo discípulo que quiere hacer Yoga y al que le dicen: «Bueno, siéntese en Padmasana –la posición del Buda o del loto–, tápese el agujero derecho de la nariz, sople por el agujero izquierdo; ahora tápese el izquierdo y sople por el derecho; y ahora tápese los dos y sople por los oídos».

Esto no es Yoga. Esto es un juego. Con eso no pasa nada. Cuando ustedes están resfriados y usan un inhalador nasal, hacen lo mismo y ven que no pasa absolutamente nada. Eso no tiene ninguna importancia. Su importancia radica en la relación de los tres alientos con las tres Gunas. Los estudiantes de la escuela saben qué son las tres Gunas, pero lo vamos a explicar para que todos nos comprendan. Las tres Gunas son las tres cualidades de la materia –en cierta clave–, y sus nombres son Rajas, Tamas y Sattva; es decir, la actividad (Rajas), la inercia (Tamas) y el equilibrio (Sattva). Todo equilibrio nace de una oposición y cuanto más fuerte es la oposición, más fuerte es el equilibrio. Demos un ejemplo cualquiera. Si ustedes tienen una balanza con un peso de un kilogramo en ambos platos, tal vez cualquier roce la conmueva, pero si tienen una balanza, aun siendo de precisión, con varias toneladas en cada uno de los platillos, a pesar de su precisión, la materia, de alguna manera, haría resistencia; el equilibrio sería más difícil de quebrar.

Así, entonces, el equilibrio interior, el equilibrio sáttvico, nace de la oposición robusta de Rajas y Tamas, es decir, de la actividad y de la inercia. De la lucha entre actividad e inercia dentro de nosotros, cuando sentimos la lucha, cuando vibramos con ella, cuando nos oponemos con feroces muecas, cuando abrimos nuestra inmaterial boca llena de espirituales colmillos como los de un gigantesco perro que cuida su casa ante las manadas de lobos de los instintos, allí, en ese instante, en el supremo instante de ese confrontamiento, y solamente allí, puede nacer la armonía interior. Pero aquellos que dicen: «Yo no me voy a oponer, porque si tengo instintos, sabrá Dios por qué me dio instintos; y si tengo defectos, sabrá Dios por qué tengo defectos», evidentemente, esos hombres permanecerán muchos milenios en la ignorancia y en la aberración, y seguirán diciendo: «Sabrá Dios por qué estoy en la ignorancia y en la aberración».

Mas debemos entender que Dios no es un seguro de vida; debemos entender que Dios es una Esencia Inmaterial de la cual no podemos hablar, y que los problemas humanos deben solucionarlos los seres humanos, y este problema interior debemos tratar de solucionarlo nosotros. Así, los tres alientos no son más que la expresión exterior de esa lucha. Hay sistemas de Kriyü, de respiración, que reflejan en el mundo exterior la actividad rajásica; hay asanas, hay madras, es decir, posiciones, que reflejan en el mundo exterior la pasividad tamásica, y de la combinación de Tamas –la posición corporal– y de Rajas –la actividad del aliento– nace Sattva, una relación armónica entre el cuerpo físico y el siguiente cuerpo, o sea, el cuerpo pránico o energético, que está simbolizado por el aliento. Entonces se forma la Tau, la imagen de Anubis en Egipto, la Balanza, aquello que no cae de un lado ni del otro.

Fíjense entonces, amigos, qué problemas terribles, qué peligros inusitados tendrá el pobre aspirante que no conoce a fondo lo que estamos diciendo, porque si con su respiración no controlada hace por su gusto un tipo de respiración más que otro, se volverá más tamásico o se volverá más rajásico, es decir, hablando en términos comunes, que el Hatha Kriyá Yoga mal hecho puede hacer cambiar en una persona su ritmo personal.

La cuarta Iniciación Cósmica es poder dominar la mente en sí, la psiquis, la energía y el cuerpo; poder dominar, no en la quietud ni en el movimiento, sino poder dominarlos siempre. No piensen, cuando hablamos de dominio, en un asceta sentado en una montaña del Himalaya; cualquiera es asceta en una montaña del Himalaya. Piensen en aquel que es asceta en la montaña, en Nueva York, en París, en la guerra, en la paz, con un brazo más o con un brazo menos, en la Tierra o en Marte; ese es el hombre que no depende del mundo exterior para tener equilibrio.

Otra cosa que no olvidaremos son las relaciones astrológicas con los cuatro Yogas. Estos cuatro Yogas están relacionados con los cuatro grandes grupos de signos que tiene el Zodiaco. Es decir, que los doce signos del Zodiaco pueden reunirse en cuatro grupos de tres signos cada uno; cada uno de esos conjuntos está en relación con cada uno de los elementos de la Naturaleza.

Los ejercicios de estos cuatro Yogas no se hacen siempre, sino que se hacen en determinada época del año, e incluso, los más avanzados, en determinado lugar del mundo, porque así como un largo cable puede tener un lugar expuesto, que es el único lugar donde puede recibirse una descarga eléctrica, así, no crean que en cualquier parte del mundo se puede recibir lo que se busca; hay lugares para unas cosas y lugares para otras y esto representaba los largos viajes y periplos de los viejos Maestros. No crean que caminaban por el gusto de hacer turismo; caminaban buscando el lugar donde podía crecer aquello que necesitaban. De tal manera, esta compleja relación se establece entre los Yogas, los elementos de la Naturaleza y las combinaciones astrológicas de los cuerpos astronómicos.

Les quiero recordar también que Astrología no es, como muchos dicen, «la madre loca de una hija cuerda», es decir, la Astrología madre de la Astronomía. Podemos decir que la Astrología es fuego, que da luz de sí, pero deja humo y cenizas por el lugar por donde pasa. Lo que nosotros conocemos hoy de Astronomía es solo el conocimiento de los cuerpos. No conocemos nada del movimiento interior ni sabemos qué más hay, además del movimiento físico de los astros. Hasta hace pocos años, los sabios de la época se reían de los antiguos que hablaban de vibraciones que llegaban desde el Cosmos, de rayos que penetraban profundamente en la Tierra y podían modificar la estratificación de las piedras preciosas. Hoy sabemos que hay cantidad de rayos cósmicos que penetran profundamente en la Tierra, y algunos la traspasan de lado a lado como si la Tierra no existiese, y que hay gran cantidad de vibraciones todavía desconocidas para nosotros. Sabemos hoy perfectamente que la Tierra y sus habitantes no estamos aislados del resto del Cosmos, sino que hay una interacción, una relación con todos los demás cuerpos siderales. Y si aquel que quiere hacer Yoga quiere también hacer Unión, tal Unión debe establecerla con todos los principios cósmicos y no solamente con un lugar en especial.

Recordemos, también, que el Yoga es algo natural. Generalmente, cuando hablamos de Yoga solemos pensar en lo sobrenatural. Estamos muy acostumbrados a oír, cuando alguna persona nos entrevista y hablamos de temas como Yoga, Astrología o Alquimia, que nos dice: «No, cosas raras no, por favor».

Estas no son cosas raras; son completamente naturales. Quizás sea cosa más rara un automóvil, un cigarrillo, un encendedor, que lo que puede ser un ejercicio de Yoga. El Yoga no es sobrenatural, sino perfectamente natural. Lo que pasa es que hay que dominar la técnica del Yoga, y es natural para aquella parte de nuestra naturaleza que nació para el Yoga. Es decir, que tenemos que saber qué parte de nuestra naturaleza nació para el Yoga.

Si yo me escondo debajo de un trapo negro, saco una mano fuera y digo: «¿No hay nadie en la habitación?… porque no veo nada», sería ilógico, porque yo con la mano no puedo ver; tengo que ver con los ojos. Entonces, cuando vamos a hacer Yoga, no es cuestión de ocultar el alma y sacar un instinto afuera como un periscopio y decir: «No veo nada; esto es cosa de brujos».

Si en lugar de sacar un trauma, un instinto o un temor afuera, sacamos alguna parte de la porción de alma que todos tenemos; si de alguna manera podemos superar toda esa endoculturación de cuentos de brujas que nos han hecho en este mundo materialista, entonces, podremos tener acceso a una realidad que es el Yoga y que no es en absoluto sobrenatural. Más aún, la Naturaleza es perfecta; por lo tanto, nada hay «sobre-natural». Podemos ignorar las partes superiores de la Naturaleza, pero eso no quiere decir que las cosas más elevadas del alma, que las cosas más profundas del espíritu, sean sobrenaturales. Pertenecen a la Naturaleza, pero pertenecen a un tipo de Naturaleza que la mayor parte de nosotros aún no conoce, pero que en la evolución vamos a llegar a conocer.

Ahora hablaremos un poco sobre lo que es un yogui. Un yogui es aquel que hace Yoga. Veamos ciertas características que debe tener la persona que hace Yoga. Como hemos hablado de la ciencia o «paraciencia» del Yoga, veamos ahora al científico en acción. Veámoslo en su laboratorio, veamos qué siente, qué piensa, cuáles son sus reacciones. Algo les había adelantado sobre la falsa idea que generalmente se tiene sobre los Maestros de Sabiduría, de ocultismo o de orientalismo, en el sentido de que esas personas suelen ser sanas de cuerpo y alma, personas armónicas, que en ningún sentido carecen de nada. Porque la perfección «arriba» da, en cierta forma, una perfección «abajo». En términos generales –y salvo raras excepciones– no debemos pensar en un yogui como en una persona negada en algunos aspectos, o que tenga malas costumbres, o que guste de la bebida o de los excesos sexuales, ni tampoco que sea un débil o un ser manejado por las circunstancias; sino que un yogui, siéndolo, debe reflejar Yoga, y si el Yoga es unión, equilibrio, fuerza, voluntad, entonces, el yogui deberá reflejar en sí todas esas características.

El Yoga es parte del ocultismo y esto merece una aclaración. Yo sé que hoy la palabra ocultismo es una palabra muy enlodada. La gente dice: «¿Qué es esto de ocultismo, de ocultar?, ya no estamos en época de ocultar».

Hoy se oculta igual que siempre. ¿Acaso ustedes pueden tener acceso a los grandes misterios de la física atómica que conocen rusos y norteamericanos? No. ¿Acaso tienen acceso a los grandes planes bélicos? No. ¿Acaso tienen acceso a las misteriosas detonaciones de las bombas de hidrógeno? No. ¿Por qué? Porque los sabios que en el mundo dirigen estas cosas, los Gobiernos de los Estados, consideran esas cosas como importantes y así, las reservan por temor a que se usen mal, o por lo menos a que se usen en contra de ellos. En cambio, ustedes pueden tener acceso a un determinado método para tallar madera, o a una determinada crítica literaria. ¿Por qué? Porque hoy se considera que tallando madera o haciendo una crítica literaria, no pasa absolutamente nada.

En la Antigüedad, los métodos peligrosos, los métodos profundos, los métodos que hacían algo, siempre fueron reservados, reservados por seguridad, por aquellos que podían emplearlos de una manera más o menos consciente. Por eso, cuando decimos que el Yoga forma parte del ocultismo, estamos afianzando una verdad eterna, o sea, que las cosas válidas, las cosas verdaderamente valiosas, son las que se guardan. Si ustedes, por ejemplo, tienen un reloj muy valioso o un collar de diamantes y van a los servicios a lavarse, seguramente que no lo dejarán colgado para ir a charlar afuera y luego volver a buscarlo. Pero si tienen una baratija de veinte pesos, a lo mejor la dejan, porque quizás mañana alguno se la dará. Lo único que es público, lo único de lo que habla todo el mundo, es de baratijas; lo que es caro, lo que cuesta tener, lo que dura, eso es de lo que no habla todo el mundo y es lo que no se deja abandonado en cualquier lugar.

De ahí, entonces, que esto haya sido secreto; pero hay ciertas cosas que no son tan secretas o, mejor dicho, que, aun siendo secretas, podemos ver la caja donde están. Entonces, lo primero que debe hacer el hombre que quiere dedicarse a estas ciencias es controlar su imaginación. Casi todos los estudiantes de esoterismo y de Yoga se quedan por el camino, no por ignorancia de elementos, sino porque teniendo unos pocos elementos, los relacionan mal y hacen un mundo al revés con ellos. La primera instrucción que dan los Maestros orientales es el control de la imaginación.

Créditos de las imágenes: Brajesh Ohdar

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Referencias del artículo
Conferencia dictada el 4 de diciembre de 1966 en la sede de Nueva Acrópolis, Junín 683, Buenos Aires, República Argentina.

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