Filosofía, la gran educadora

Autor: Delia Steinberg Guzmán

publicado el 15-08-2016

Aunque digan que la filosofía es impráctica y que no sirve para nada, nos reafirmamos diciendo: las grandes preguntas, las grandes inquietudes… ¿Dónde se contestan? ¿Qué hacemos con aquello que nos asalta cuando uno se encuentra a solas consigo mismo: y por qué la vida, y por qué la muerte, y por qué el dolor, y por qué envejecemos, y por qué nos pasan las cosas que nos pasan? ¿Por qué hay sufrimiento, y por qué se puede pasar del sufrimiento a la alegría y de la alegría al sufrimiento, y qué es lo que nos conduce como un viento de una cosa a otra? ¿Por qué tenemos temores y por qué dudamos…?

Nueva Acrópolis - Filosofía educadora

Platón y Aristóteles discutiendo. Detalle de un bajorrelieve de Luca della Robbia, siglo XV, Florencia, Italia.

Y cuando surgen estas preguntas, o las respondemos o viviremos perpetuamente angustiados porque habremos echado una cortina delante de nuestros ojos ostentando no ver lo más importante.

Cuando hay interrogantes no hay más remedio que preguntar. Cuando Sócrates decía “Sólo sé que no sé nada”, no lo decía por conformarse con no saber nada. Es un reconocimiento de lo que no se sabe y un punto de partida: “Voy a saber más porque necesito más”. Aunque pasen los siglos, el ser humano se seguirá planteando estos interrogantes. Y basta que nos exijan una respuesta para que la filosofía se vuelva útil y práctica, y necesaria.

La filosofía es la gran educadora; es la que nos enseña. No vamos a llegar a ser Sabios, pero por lo menos tendremos algunos temores menos, algunas dudas menos de las que teníamos antes; no vamos a mirar a la Gran Verdad, pero empezaremos a tener algunas certezas.

Una buena educación forma y transforma. Una buena educación es alquimia interior; no podemos ser igual antes de aprender como después. Y si somos iguales es que no hemos aprendido nada, es que hemos memorizado un montón de cosas y no sabemos nada. Esa educación formativa, de transformación, como nos decía el profesor Livraga, no es una educación de forzar a la gente; no se puede torcer la personalidad humana.

En todo caso es una educación que nos tiene que liberar de muchas ataduras y de muchas deficiencias, y de muchas inseguridades y temores. Cuando uno puede soltar estos lastres, desamarrar la embarcación, el Alma se siente libre. Esa educación formativa tiene que ayudarnos, tenemos que aprender a aprender. Y tenemos que aprender con la práctica, porque nos estamos haciendo muy sedentarios. Demasiado. Nos falta la experiencia. Hay que llegar a ser uno mismo.

Créditos de las imágenes: Sailko

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