Peligros del esoterismo en la Era de Acuario

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 25-02-2018

En lo manifestado, todo es discontinuo y dual. Como eslabones de una larga cadena, como los huesos en un esqueleto, como las olas en la mar, todo lo que a nuestros ojos se muestra, lo hace conservando particularidades que articulan el conjunto. Mas no debemos ver en esto una «dialéctica de oposiciones», pues las «oposiciones» no son otra cosa que complementos de una inmensa Escala Armónica. Y a través de tantas cosas y seres como hay en el Universo, circula potente la Corriente de Vida con su destino o direccionalidad, a la cual los antiguos magos de India llamaban Sadhana.

Nueva Acrópolis - Peligros esoterismoEl percibir esta maravillosa unión y enlace entre las cosas, este «Hierosgamos» al decir de los filósofos de la Grecia clásica, nos hace superar la aparente discontinuidad y violencia del Universo para adentrarnos en su Realidad, más allá de las humanas hipótesis saturadas de dolor y de ignorancia. Y es que el Hombre, cuando pretende trabajar con la Naturaleza, cae fácilmente en la tentación de manipularla y contaminarla con sus propios prejuicios y sus fantasías. El envenenamiento actual de los aires y las aguas es el infeliz resultado de lo que los teóricos de fines del siglo XIX exaltaban en las humeantes chimeneas de las fábricas, a las que llamaban «catedrales del trabajo».

El fracaso de los esquemas político‑sociales en el siglo XX, y la poca fuerza de las Iglesias de las distintas religiones que, por sobrevivir, han cometido el fatal error de colorearse según las épocas, perdiendo así su fuerza espiritual tradicional y por lo tanto popular y folclórica, coincidiendo con el principio de la Era de Acuario, ha pro­ducido un espontáneo y desordenado aparecer de sectas, grupos y escuelas aficionadas al esoterismo…, pero a un esoterismo carente de reales raíces filosóficas y teosóficas, sobrecargado de orientalismo barato, de afinidad por las drogas estupidi­zantes, de tendencia a convertir el amor en una forma de sexo‑vehículo enteramente monstruoso y antinatural, copiado de las figuras simbólicas de los tibetanos. Este esoterismo –que obviamente de esotérico tiene poco, o mejor dicho nada– ha engendrado sectas y colaborado más de lo que se cree en la disolución de la sociedad, de la familia física, literaria y espiritual, y de la misma persona humana degradada ante las fuerzas elementales de la naturaleza psíquica inferior, creando un compadrazgo vicioso con todo lo hechicero y malvado.

Como en algunos cuadros del Bosco, diabólicas criaturas torturan a quienes los buscan o les temen, y como el más moderno Goya nos dejase reflejado en sus tintas negras de insólitas brujas que buscan cabalgar escobas y ridículos aprendices de brujos que temen a las lechuzas, miles de los mal llamados esoteristas andan a la caza y a la pesca de cualquier pequeño monstruo misterioso, de palabras en sánscrito o en hebreo –que, por otra parte, jamás han estudiado– que les confieran poderes y conocimientos… cuando ellos son esclavos de sus más elementales pasiones e ignoran los principios más simples en la concatenación de las causas y los efectos.

Todo esto provoca deformaciones peligrosísimas.

No solo vuelve imbéciles a los individuos, agrandando sus defectos y restando sus virtudes, llenando sus días de pérdidas lastimosas de tiempo que podría ser dedi­cado al estudio y al trabajo honrado y sus noches de pesadillas y psicosis, sino que convierte en peligrosos a grupos que inicialmente fueron «esotéricos».

El Período de Acuario, que durará unos 2000 años, tiene cuatro momentos. Uno primero de hielo, otro de líquido, otro de vapor y uno final de traspaso al signo si­guiente de luminosidad por reflejo sobre una humanidad decantada por el sufrimiento.

La primera parte, donde nos estamos introduciendo inexorablemente, dará a los tiempos venideros las características de una nueva «Edad Media» con la consiguiente parálisis de lo tecnológico, las comunicaciones, y la cristalización de las conciencias en ideas de gran estrechez, separatistas e hiperindividualistas. Se formarán clanes con sus «tótems» y sus «tabús». Una violencia salvaje y desesperada imperará sobre un conjunto humano carcomido por el hambre y las pestes.

Si bien grupos humanos despertarán a una nueva y más elevada espiritualidad, no podemos ignorar la inmensidad de fanáticos y los que, por razones de fuerza mayor, tan solo se dedicarán al saqueo, la rapiña y las formas más primitivas de supervivencia.

Desgraciadamente, los grupos esotéricos que podrían aminorar estos males dando a la juventud una formación espiritual adecuada a los tiempos nuevos, se dedican, en su inmensa mayoría, a plantar desde ahora las semillas de ese fanatismo, manipulación del individuo y superstición. En alucinante acoplamiento, los materialistas marxistas y capitalistas, los provocan con sus propios errores y fracasos. Ya los bandidos invaden nuestras ciudades, que se hacen más y más peligrosas por las noches y aun en pleno día. Los navajeros y las prostitutas son cosa cotidiana que empieza a provocar la huida de las gentes de las ciudades, tal cual pasó a partir del siglo IV en el viejo Imperio Romano.

Se busca en el campo, en las montañas y los bosques una seguridad que en los grandes centros urbanos ya no existe… Pero las gentes han olvidado cómo se trabaja y se vive en el campo, en las montañas…, y en las partes más pobladas del planeta quedan pocos bosques o son artificiales parques abandonados.

La manipulación de la opinión pública ha vuelto antipático y odioso al guardián del orden, al policía y al militar, a la vez que son cada vez más aceptados los ladrones y asesinos, a los que se les perdona y amnistía en cualquier oportunidad, en razón de un concepto político basado en el número y no en la calidad y cualidad humanas. El fracaso de los sistemas ha provocado desempleo y necesidad, y estos males llevan a concebir el saqueo como una forma de compensación de una sociedad que no acierta con ninguna solución ventajosa, obnubilada por las utopías heredadas del positivismo ateo del siglo XIX.

La barbarie comienza. La Edad Media ya ha comenzado. Y el falso esoterismo es uno de los caballos del Apocalipsis, por la corrupción que causa en los más jóvenes y la anulación de los reflejos naturales de defensa.

Bueno es investigar y vivir lo esotérico, el alma de lo exotérico… Pero hace falta una preparación filosófica, una moral alta, una disciplina de trabajo, una purificación que nos lleve a una alta espiritualidad. Hace falta una alquimia espiritual que trasmute el plomo del egoísmo en el oro inmarcesible de la virtud, verdadera corona del hombre nuevo.

Créditos de las imágenes: Xenophon

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Referencias del artículo
Artículo aparecido en la revista Nueva Acrópolis de España núm. 112, mes de enero de 1984

3 comentarios

  1. Lidia dice:

    Excelente redacción y nota.
    Es exactamente lo que nos sucede.

  2. Florte dice:

    Es terrible…. Así es….qué descripción mas realista y cruda…

  3. Jose Alecrim dice:

    Este es uno de los artículos que el profesor Jorge Angel Livraga escribió alertando de los peligros del esoterismo-ficción, que ha sembrado el mundo de innúmeras babosas mentales de “líbrame Dios”. H.P.Blavatsky ya había dicho en el siglo XIX que los temas “esotéricos” serían temas ordinarios de conversación en el siglo siguiente. Y el profesor Livraga advertido que lo primero que llegaría con las corrientes de Acuario, sería el barro arrastrado de los intereses mezquinos y la estupidez más blandiblú: las Aguas de Vida mezcladas con la codicia de los cazabobos, fascinando con sus ojos y lenguas de serpiente.
    Aunque ya lo leeemos en el maravilloso tratado místico Voz del Silencio: “Las puras aguas de eterna vida no pueden mezclarse con los cenagosos torrentes del tempestuoso monzón. La gota de rocío celeste que acariciada por el primer rayo de sol matutino brilla en el seno del loto, una vez caída al suelo, se convierte en barro; mi: la perla es ahora una partícula de cieno.”

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