Simbolismo del color azul

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz y M.A. Fernández

publicado el 27-12-2014

Nueva Acrópolis - azulEl azul es otro color fundamental impregnado de magia. Es un rincón del infinito que se abre a la ventana de nuestra alma; el mar y el cielo fundidos en una misma dimensión de altura e inmensidad profunda. Es el Amor – Sabiduría plasmado en Energía – Vida, que simboliza por  excelencia el ideal femenino.

Correspondencias: visión, meditación, intuición, amor ideal, profundidad, desapego de las cosas materiales. Su elemento es el éter; su planeta Neptuno; como piedras preciosas el zafiro y la turquesa; punto cardinal el Oeste.

Como aspectos negativos tiene la inconstancia y el olvido, y como positivos la conciencia superior y la intuición.

Para los aztecas el azul turquesa era el color del Sol en su aspecto más profundo y místico. En el budismo tibetano el azul es el color de la Sabiduría. En India, Krishna, el mensajero divino, tiene la piel azul como símbolo del Amor del Maestro que  enseña a los hombres.

El azul oscuro se asimila al negro, que es es la suma de todos los colores, la noche, mientras que el azul celeste, como también el amarillo puro, se asimila al blanco, a la luz pura del día.

En la Edad Media fue adoptado por la iglesia cristiana como el color del manto de la Virgen, bajo el que cobija como Madre celeste a todos los hombres, y así es recogido desde entonces en sus vestiduras por pintores y escultores, asociándolo también al blanco como símbolo de su pureza.

Para los antiguos egipcios, el azul es el color de la Verdad, simbolizada por la diosa Maat, que es también la Justicia misma. El atributo que la representa es una pluma azul, presidiendo con ella el fiel de la balanza utilizada por Anubis para el peso del corazón del difunto ante el Tribunal de Osiris.

El azul es como ese corazón oculto, que ha de pasar a la otra vida ligero como la pluma de Maat, algo que llevamos todos muy adentro nuestro, como una plenitud latente, soñada e inalcanzable, pero que jamás nos podrá dejar vacíos de esperanza, porque es nuestra añoranza del cielo, de nuestros propios orígenes divinos.

Por eso, en cada toque de azul sentimos que regresamos a casa.

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