Hoy vi… un castillo

Autor: Delia Steinberg Guzmán

publicado el 10-07-2021

Hoy vi un castillo, y… ¿quién dijo que las piedras no hablan? Las vetustas piedras de este castillo que vi me contaron una larga historia, llena de horas variadas que hoy son apenas tibio recuerdo.

Si supieseis… Siempre hemos imaginado los castillos como escenarios de luchas y contiendas, de guerra y muerte. Pero yo escuché también dulces cuentos de lánguidos atardeceres, de paz y serenidad bajo la luz de las estrellas, de cariño compartido, de anhelos y esperanzas tantas…

Alcázar de SegoviaEs que el castillo es como un nido de piedra, y solo una clase muy especial de aves puede vivir en él. El castillo es nido que rechaza a los que no son aves de estirpe de castillo. El castillo es el nido de los caballeros, y hoy los castillos lloran la ausencia de sus viejos amos.

Hoy es difícil vivir en un castillo; hay en el hombre una timidez mal entendida que se transforma en chatura espiritual y pobreza de carácter, que le hace preferir las viviendas bajas e igualadas, que le hace temer los amplios templos, los espacios abiertos y la grandiosidad lanzada hacia el cielo de las torres enhiestas. Hay en el hombre un cansancio tal de mirar siempre hacia sus pies, de calcular siempre a la altura de sus ojos, que ya no tiene sensibilidad para volverse hacia las alturas… ni siquiera hacia las alturas de piedra de los viejos castillos.

Hoy es difícil ser caballero, es difícil ser dama, es difícil ser señor en general; tan difícil como saber ordenar con prudencia y obedecer con devoción. Los papeles de la vida están cambiados, y en medio de la enorme confusión, los castillos esperan silenciosos el retorno cíclico de la historia, para albergar nuevamente a sus dueños.

Como siempre, miramos hacia atrás con nostalgia, no solo por los tiempos pasados, no solo por la vida en los castillos, no solo por la investidura de los caballeros y las damas. Lo que buscamos con ansias es una vieja forma de pensar, de creer, de obrar; lo que nos emociona es un claro sentido del deber, una nobleza a prueba de dificultades, y una valentía capaz de luchar siempre de frente con los considerados enemigos. Anhelamos limpieza y verdad, y huimos un poco de las casas chatas, para soñar con las altas torres que nos hablan de vigilancia continua, de ojos abiertos en la noche, de sacrificio y orgullo. Extrañamos la sobriedad de la piedra y su dureza ante los embates del tiempo: queremos otra vez cosas sólidas y estables, castillos que no se derrumben ante el primer soplo de los vientos. Esperamos los nuevos caballeros, los de la nueva historia, revestidos de armaduras de honor y virtud; los soñamos aún mucho mejores que lo que fueron porque sabemos que de nada vale repetir los hechos, si con esa repetición no caminamos un paso adelante en la vida. Nos ponemos de rodillas ante esos callados templos de caballería que son los castillos, y ofrecemos el calor de nuestros sueños y de nuestras acciones, para volver a entibiar esos nidos, para que vuelvan a ellos los señores del mañana. Seguimos con la mirada la inexorabilidad de esas naves de piedra enclavadas en la tierra, para las que los siglos son apenas minutos, para las que alegrías y dolores son apenas circunstancias en el largo tiempo de la evolución. Y pedimos con todo el corazón poder viajar junto a estos castillos, penetrar el secreto del pasado, y lanzarnos raudos hacia delante con los remos de la noble acción.

“Dios, qué buen pueblo si hubiese buen señor…”

 

Créditos de las imágenes: Angel Luciano

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