¿Cómo se despiertan los poderes ocultos en el Hombre?

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 05-05-2026

El despertar de los poderes ocultos en el hombre está implícito y explícito en el tercero de los principios de nuestra institución.

Mas debemos poner bien en claro qué entendemos por “poderes”.

Dice una vieja fórmula hermética y cabalista: “osar-querer-poder”. El poder sería, entonces, la forma final y más elevada de un proceso de perfeccionamiento individual y colectivo que llevaría al hombre superior, al servidor, al hombre nuevo.

Generalmente, se confunden estos poderes con la capacidad de producir fenómenos parapsicológicos o tener “sobrehumanas” vivencias interiores. Y no están del todo errados los que tales cosas sostienen, pero conocen del libro de la sabiduría –que H.P.B. llamó doctrina secreta– una sola y miserable página que, separada de las demás, no significa nada ni puede darnos nada, salvo esperanzas que serán truncadas al recorrer caminos erróneos.

El poder es una propiedad del ser. El ser es el que puede.

Los poderes del ser se reflejan en el microcosmos; el Dios que podemos inteligir, imaginar y comprender; es el llamado “Logos” por Platón. Este Logos tiene tres aspectos, pues es trino en su poder aunque es uno en su esencia.

1 Voluntad-Ley

2 Amor-Sabiduría Energía-Vida

3 Inteligencia-Forma

A ello corresponde la antigua fórmula de osar-querer-poder.

Por lo tanto, lo primero es osar, o sea, desarrollar en nosotros una voluntad a imagen y semejanza de la del Dios que rige nuestro universo o entorno de existencia. Esta se desarrolla por una continua actitud de coraje ante la vida; una vocación decidida por el riesgo y las aventuras exteriores e interiores. Es vencer el miedo, las dificultades. Es poner a nuestra personalidad en su lugar de obediente servidor e impedir que interfiera para nada en nuestra firme voluntad de avanzar y triunfar sobre todo y sobre todos. Es saberse indestructible y eternamente joven y fuerte, y así sentirlo y así vivirlo, sin interrupciones por mínimas que sean.

Lo segundo es querer, pero querer de una manera tan intensa y superior que cualquier pasión humana, por sublimada que sea, no es más que una deforme sombra de ese arquetipo. Es el “querer con el corazón”, como dicen los textos de magia egipcios. Un querer pararracional, insaciado, incansable. Es el amor por todos los seres y todas las cosas que, al acercarnos a ellos y al misterio que en ellos habita, nos torna sabios. La sabiduría no excluye la cultura, pero la rebasa, pues el sabio ya no necesita leer en los libros lo que escribieron otros, sino que lee directamente en los anales akáshicos, que no están tan escondidos como vulgarmente se cree. Como es lógico, esta capacidad de… digamos, consulta… se adquiere paulatinamente y nos sorprende ella a nosotros, pues si nos dedicamos a buscarla, al no conocer la verdadera ruta, nos perderemos en mil intentos.

Lo tercero es poder; poder –ante todo– poner en práctica y bajo absoluto control los dos primeros elementos citados, pues el tercer Logos nace de la unión armónica del primero y del segundo. Más claro: sin primero y sin segundo, no hay tercero. Uno más dos es igual a tres.

Habrá, entonces, que tener una voluntad de hierro, un amor de oro y una sabiduría de plata, una inteligencia mercurial y una forma de bronce. Ser humanamente perfectos. Cuando eso ocurre, los poderes y los Poderes, están “automáticamente” despiertos y al servicio de la gran causa espiritual que nos convoca.

Ese es el camino para despertar los poderes ocultos en el hombre.

Un sello de humildad interior y de silencio y secreto será el marco de toda esta operación alquímica y de hallazgo de la piedra filosofal. Todo lo demás es fantasía, locura y trastorno, que desemboca siempre en la desgracia.

En el mundo en el que corren en las tinieblas de la ignorancia millones de personas que creen saber dónde está Thule o Agartha porque lo leyeron en un librillo, o que están en contacto con Maestros galácticos aunque no puedan dominar el apéndice de su sexo o sus abulias, se levanta con nosotros, una vez más, la antigua Filosofía que inspira a los que están preparados hacia el camino estrecho de la sabiduría, de los pequeños Misterios que son pórtico de los mayores: de los Arcanos.

Bienaventurado de ti, si estás realmente entre los que suben hacia la Nueva Acrópolis.

 

Créditos de las imágenes: Go to Will Haddock's profile Will Haddock

Si alguna de las imágenes usadas en este artículo están en violación de un derecho de autor, por favor póngase en contacto con nosotros.

Referencias del artículo

Artículo aparecido en la revista Nueva Acrópolis de España n.º 154, en el mes de noviembre de 1987.

¿Qué opinas?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *