Cuenta uno de los biógrafos de Platón, Claudio Eliano, una leyenda de Platón cuando era un bebé.
Aristón, su padre, estaba sacrificando a las musas o a las ninfas en el monte Himeto, y su madre, Perictione, colocó a Platón cerca de unos mirtos. Cuando dormía, un enjambre de abejas colocó un poco de miel de Himeto en sus labios y zumbó su canción alrededor de él, así presagiando el poder de su palabra.
En la Grecia clásica, la miel y las abejas se consideraban mensajeras o agentes de las Musas y de Apolo.
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