La paciencia es una forma de fe

Autor: Delia Steinberg Guzmán

publicado el 15-04-2026

Una de las formas de crisis moral más profunda que afecta al ser humano de nuestros días, es la falta de fe… Y decimos fe en el más amplio sentido de la palabra: desde aquella fe que a Dios se refiere, hasta aquella que nos permite cumplir con nuestra labor de seres humanos.

Sucede, pues, que el ser humano no cree, y no cree porque se lo ha acostumbrado falsamente a creer tan solo en aquellas cosas que pueden ser corroboradas por los sentidos, en aquellas cosas que están presentes y concretas ante el postulante a la creencia. Esta falsa actitud trae aparejados muy graves problemas. Uno de ellos es que, ante la imposibilidad de medir con pruebas físicas las cosas que no son físicas, hasta Dios mismo cae en el terreno de las utopías; a nadie interesa desarrollar los “sentidos del alma” que nos permitan percibir a la Deidad en su justa medida, y casi nadie tampoco es capaz de ver en el mundo físico que nos rodea la impronta perpetua de la creación divina.

El otro problema hijo de la falta de fe, es el derivado de creer tan solo en aquellas que están delante de nosotros y convertir en “ídolos alejados” todo lo que no se puede percibir o lograr en el momento. Y esta es tal vez la expresión más pobre de la fe…

La fe, por naturaleza, tiende a quebrar barreras, saltar por encima de los obstáculos, y avizorar siempre más lejos, más adelante y más profundo de lo que pueden lograr nuestros comunes sentidos. La fe no mide en tiempos ni en distancias, y es así que ella tiene la virtud de plantar firmes estandartes en el futuro. Pero hasta que así no se comprenda a la fe, hasta que no se advierta que ella lleva el fruto en su misma entrega ideal incondicional, seguiremos viviendo de pobrezas presentes y añorando riquezas futuras por las que somos incapaces de luchar.

Y aquí es donde queremos referirnos al más peligroso aspecto de la falta de fe: la falta de paciencia. El que los ideales que añoramos no estén ante nuestra vista, no significa que no existan, ni significa que sean inaccesibles, ni nos justifican como para considerarnos indignos de llegar a las esferas elevadas de la fe. Nada de eso, sino que simplemente el ser humano se escuda en la falta de paciencia, de perseverancia, de atención continua, para dejar morir sus más caros sueños…

Una vez más queremos resaltar la actitud del filósofo acropolitano, del ser humano pletórico de fe, y por lo tanto de paciencia, ese primer escalón que nos habla de tender hacia el futuro sin temores, sin ruidosos y desastrosos apuros, pero tampoco sin detenerse jamás.

La paciencia encierra el amor por lo que se hace, la serenidad de una conciencia firme y decidida, el saber lo que se quiere y cómo lograrlo, más allá de las medidas espacio-temporales. La paciencia es indicio de trabajo continuado, de trabajo con sabor a eternidad, de trabajo bañado en fe. La paciencia es el distintivo del Hombre logrado, de aquel que conoce la más elevada de las Acrópolis se ha empezado a construir siempre a partir de la primera piedra. Y esta piedra primordial, esta piedra clave de la cual depende la construcción de los seres humanos llenos de fe, es la Paciencia… LA PACIENCIA ES UNA FORMA DE FE…

 

Créditos de las imágenes: Photoholgic

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Referencias del artículo

Publicado en la revista Nueva Acrópolis número 3, en marzo de 1974.

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