¿Por qué agonizan las religiones?

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 05-09-2020

Para hablar de por qué agonizan las religiones, primero tenemos que saber qué entendemos por religión porque, en la actualidad, hay muchas religiones, y a través del tiempo ha habido muchas otras, sustentadas por millones de hombres. Hay viejas deidades como Isis y Osiris, en Egipto, o Ishtar en Babilonia, que hoy la gente las ve en un museo y pregunta: «¿Qué representa esa pequeña estatua?», porque han perdido el significado. Esas religiones ya no existen más, han sido reemplazadas por otras.

Este es un fenómeno natural, porque todo en el mundo es reemplazado por otra cosa. Nosotros hoy estamos aquí. No están nuestros abuelos; muchos de ellos ya están muertos. Nosotros los reemplazamos en la marcha del mundo, en la marcha de la historia. Y un día vendrán otros que nos reemplazarán a nosotros. Y la vida seguirá, a pesar de que nosotros no lo veamos. Tenemos que ver la parte optimista en la vida que sigue: la cultura, la inteligencia, la ciencia que va de mano en mano. En los antiguos misterios eso se representaba por una antorcha o una lámpara, que pasaba de mano en mano, y que siempre seguía iluminando, dando luz.

Por qu'e agonizan las religionesA través de los distintos períodos históricos hubo diferentes formas de fe. Hoy, desde nuestro punto de vista, muchas deidades de América precolombina, o de China, o de India, nos parecen muy diferentes, nos resultan raras, extrañas; sin embargo, un día millones de hombres creyeron en esas formas de la divinidad. Vemos que en la historia de la humanidad ha habido una especie de reemplazo de esas religiones por otras. Podemos preguntarnos: pero ¿por qué ese cambio?

Esto tiene varias facetas de interpretación humana. No olvidemos que una religión está dentro de un contexto histórico. Mahoma, por ejemplo, va a traer un mensaje casi violento; pero es lo que su pueblo necesitaba. El pueblo árabe estaba esclavizado, estaba empequeñecido, y necesitaba una fuerza. En cambio Buda, en la India, nos habla del karma, de una ley universal, del dharma, nos habla de una paz, nos dice que no hace falta hacer muchas ceremonias, para llegar a Dios, y más que nada para llegar a uno mismo, para llegar a conocernos. ¿Por qué? Porque el brahmanismo había hecho tal cantidad de ceremonias, que había recubierto la idea de religión. Y así, el Buda va a dar una idea simple de cómo llegar a conocerse a sí mismo y cómo conocer el universo.

El término religión implica la unión del hombre con su entorno, con el universo. La etimología latina de la palabra religión, religare, nos explica que esa reunión es con Dios y con el universo. Si consultamos los Vedas, que están en lengua sánscrita, vamos a ver la palabra yoga. Yoga viene de yug, unión. Esa unión existe entre los hombres, y entre el hombre y la naturaleza.

El problema es que aquí está el hombre “yo por ejemplo” y para mí, todo lo que me rodea es mi entorno. Pero para un joven de los que están ahí detrás, para él, el hombre, el Yo, es él. Y yo estoy dentro de su entorno. Habría tantos puntos de vista como seres humanos hay en la Tierra, porque cada uno de nosotros se siente, subconscientemente, el centro del universo. Y aun desde el punto de vista físico, si yo le pregunto a un señor de Perú, vamos a suponer, por un país lejano, me va a decir Portugal, España o Francia. Si le pregunto a un francés, a un español o a un portugués por un país lejano, tal vez me diga Perú. Por tanto, ¿cuál es el país lejano? Depende desde dónde se vean las cosas.

Para poder entender este problema que hoy tocamos, tenemos que ver la relatividad existente entre nuestro yo y todo este entorno, y aun la diferencia que hay entre las distintas partes del mundo. Una botella, ¿es grande o es pequeña? Es grande junto a un microbio; mas, al lado de Lisboa, es pequeña. Así que la botella, ¿es grande o es pequeña? No es ni grande ni pequeña, depende de con qué la comparamos. Y esta mesa, ¿es nueva o es vieja? Es vieja junto a este papel pero, si la comparamos con la Gran Pirámide de Egipto, es nueva. ¿La mesa es nueva o es vieja? Todo son comparaciones, relatividades.

Veamos el tema frontalmente. Una religión cualquiera aparece en el mundo, en un momento determinado de la historia. Esa religión encarna en sí la necesidad de un pueblo determinado; no solamente en la parte metafísica, sino también en la parte social, política, económica. Esa religión va a tratar de satisfacer a un pueblo en sus necesidades, incluso va a tratar de protegerlo.

Hemos mencionado la religión musulmana. Entre los musulmanes el cerdo es impuro, no se puede tocar, no se puede comer. Esa es una norma que dio la religión musulmana para evitar una enfermedad que tienen los cerdos en África: la triquinosis. Era muy difícil explicar a cada uno el problema de la triquinosis; por eso se dijo simplemente que el cerdo es un animal impuro, y así la gente dejó de comerlo. Esa religión, ¿engañó al pueblo?, ¿le dijo una mentira? No, le dijo una verdad, pero bajo un símbolo, bajo una metáfora.

Todas las religiones, cuando aparecen, se rodean de una serie de símbolos o metáforas para que el pueblo las comprenda, para que la gente pueda servirse de ella; no solamente, insisto, en la parte metafísica, ontológica, sino también en la parte física, natural. Pero el tiempo sigue pasando, la circunstancia histórica varía, y ese primitivo mensaje, que ahora es escuchado por los hombres en templos o iglesias, va perdiendo fuerza, va perdiendo validez, porque los hombres no tienen la suficiente elasticidad, sino que se “momifican”, se solidifican en algo y ahí es cuando aparecen los dogmas de fe. Esos dogmas de fe, que en un momento determinado pudieron haber sido útiles, cuando pasa el tiempo se convierten en elementos que van frenando la cultura y la civilización.

Esto no significa el fracaso del mensaje de la religión. Es el fracaso de los hombres que portan ese mensaje sin la suficiente espiritualidad, que no tienen elasticidad espiritual para entender ese mensaje y lo mantienen siempre igual. Por tanto, ese mensaje –no importa que sea de Buda, Cristo, Mahoma– que en un momento fue útil, que ayudó a la gente, se va convirtiendo en algo negativo. Y es ahí cuando la gente reacciona y vienen las inquisiciones de todas las religiones, las persecuciones contra aquellos que no creen en ese dogma de fe.

Y dicen: «¡Ah, esta humanidad no cree en Dios!». No es que no crea en Dios, lo que no cree es en los dogmas de esa religión.

Periódicamente en la historia, las religiones caen y luego aparecen otras. Yo respeto a todos aquellos que piensan que su religión va a durar siempre, pero soy un filósofo, un historiador. Conozco muchas religiones antiguas y muchos pensamientos que en un tiempo fueron válidos y luego no. Hablo como filósofo, como historiador, no como creyente. Es evidente que las religiones actuales están en ese período de decrecimiento, porque son mensajes dados hace mil, dos mil, tres mil años, y que no siempre tienen elasticidad para poder ver las necesidades actuales del mundo.

La gente religiosa dice: «Este mundo de hoy es materialista, no cree en Dios, no cree en la inmortalidad del alma». Mentira. El mundo de hoy, como el mundo de siempre, intuye que hay algo más que la naturaleza. El hombre de hoy intuye a Dios, siente que puede llegar a vivir más allá de la muerte. Lo que no cree es en las figuras que le han planteado.

Yo me acuerdo que hace muchos años, cuando era pequeñito, mi abuela me hablaba del cielo, y me decía que sobre las nubes estaban los ángeles. Cuando crecí y fui adolescente, empecé a viajar en avión, y miraba a ver dónde estaban los ángeles… Y como ella nunca había volado, yo le decía: «Abuelita, encima de las nubes no hay ángeles». Y ella me decía: «Sí hay, lo que pasa es que tú no los ves, porque no crees en Dios, no crees en los ángeles». Yo, no es que no creyese, es que no los veía.

De ese modo, la imagen que un día sirvió, hace cien, doscientos, quinientos años, de ángeles caminando sobre las nubes, hoy, que vamos sobre la estratosfera, ya no es válida. Tenemos que pensar que esa imagen era tan sólo un símbolo, que hablaba de seres etéreos, que estarían en otro plano de conciencia. Pero esa falta de flexibilidad religiosa había materializado el concepto y en vez de planos de conciencia, se entendía nubes, y en vez de seres superiores, se entendía unos angelitos con unas alitas detrás. Y que a la hora de la muerte, el hombre que moría iba o al Infierno, en el centro de la Tierra, o al Cielo. Si fuese así, como la Tierra es redonda, si yo me fuese al infierno, sigo un poco más, y salgo en Australia…

Es decir, que hoy ya no puedo pensar que exista un infierno físico en el centro del mundo. Tampoco puedo pensar que haya un cielo hacia arriba, porque en el universo no hay ni arriba ni abajo. Si nosotros observamos un mapa, como ese que está ahí en la pared, vemos que el Norte está arriba y el Sur abajo, y siempre imaginamos a la Tierra yendo por el universo con la parte norte para arriba. Pero no hay ni arriba ni abajo. Simplemente, como estos mapas los han hecho personas de Europa, del hemisferio norte, y siempre somos muy “humildes”, nosotros estamos encima, en el Norte, y los demás están abajo, en el Sur.

Es decir, que todo esto es completamente relativo y la gente choca contra eso. Y se crea un pseudo-materialismo. Insisto, como filósofo, que la gente hoy no es más materialista que en otros momentos, sino que las formas que le presentan son formas arcaicas que ya no se entienden. Estamos en un momento de la historia en el cual todo aquello que creían nuestros abuelos hoy casi no nos sirve, porque tal vez nuestros abuelos pensaban que si éramos santos y buenos iríamos al cielo y estaríamos tocando el arpa toda la eternidad. Pero nosotros hoy nos aburriríamos mucho tocando el arpa eternamente… Sería terrible. Para mí eso sería el infierno… estar miles de años tocando un arpa, sobre todo yo que no la sé tocar. Y que los demás me tuviesen que escuchar, ¡terrible!

Así pues, ocurre que hoy en día, con lo que topamos es con las formas. Pero no es que no seamos espirituales. Nosotros todavía somos espirituales, todavía creemos en el bien, creemos en la justicia, creemos en la ayuda a toda la humanidad. Tenemos defectos, sí, es cierto, tenemos egoísmos, pero también tenemos buenos sentimientos, aunque no estemos rezando todo el día, aunque no le pongamos lamparillas luminosas al Buda.

Hoy, además, hay otras formas de hacer el bien. Hoy, a través de periódicos, de revistas, de libros, de conferencias, de aulas, podemos hacer el bien. Estamos en un momento gozne de la historia, en el cual lo que creían nuestros abuelos es rechazado y todavía no han venido nuevas formas que reemplacen a las que conocemos. Actualmente hay formas religiosas que nos resultan un poco chocantes, y por otro lado nos quieren imponer a todos una misma forma, cuando cada uno de nosotros siente las cosas de manera diferente.

En estos momentos de la historia surge la filosofía, como surgió en Grecia cuando los viejos dioses dejaron de tener validez. El hombre piensa, el hombre empieza a preguntarse cosas. ¿Quién soy?, se pregunta el hombre. ¿Yo soy mi mano, yo soy mi cuerpo? No, porque si a mí me cortan la mano sigo siendo, sigo existiendo. Entonces, yo no soy mi cuerpo, soy algo más. Y en cuanto a Dios, ¿Dios tiene que ser un señor barbado que está siempre sentado? No podemos imaginar un Dios así.

Los atributos que le dan a Dios, como el ser bueno, nos crean una serie de preguntas casi peligrosas. Si Dios es bueno y es omnipotente, ¿por qué hay pobres en el mundo? Y si Él es bueno y todo lo puede, ¿por qué hay gente enferma?, ¿por qué hay tanto sufrimiento? Y eso nos haría rechazar la idea de Dios, pero no exactamente la idea de Dios, sino la forma de Dios. Esa forma humanizada, antropomórfica de Dios, de un Dios que es bueno con unos y es malo con otros, de un Dios que no nos da posibilidad de redención: nos da el cielo o el infierno. Imaginemos que yo haya vivido unos pocos años; porque me haya equivocado en algo, ¿tengo que ir eternamente al infierno? Porque no vaya a la iglesia todas las semanas, ¿tengo que ir eternamente al infierno?

Esas formas chocan con la actual forma de ser. Cada uno de nosotros ve el problema desde su punto de vista. Es aquí donde surge la necesidad de una filosofía. Filosofía en griego significa «amor a la verdad, al conocimiento». Hay en la raíz de todo hombre, de toda mujer, un principio de amor a la verdad, a la certeza. Ahora bien, ese principio de amor a la verdad hace falta rescatarlo, y eso no lo va a rescatar nadie mediante un dogma, por una ordenanza, por un mandato, sino por un encuentro consigo mismo, con el valor de preguntarse: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?, ¿es que yo he nacido cuando aparecí físicamente?, ¿es que me voy a morir si desaparezco? Son preguntas, preguntas nuevas y preguntas viejas.

Yo acabo de entrar por una puerta. Para muchos de los que estáis aquí, que es la primera vez que me veis, es como si yo acabase de nacer. Y dentro de algunos minutos me voy a ir, es como si me muriese para algunos de vosotros. Pero yo estaba vivo antes de entrar aquí y voy a seguir vivo cuando me vaya. Hay realidades que están más allá de lo que vemos, de lo que podemos tocar. Tengamos cuidado de no materializarlo todo. Nosotros con un tenedor no podemos coger agua. Con un tenedor físico no podemos coger la parte metafísica, la parte espiritual, la parte religiosa. Para ello necesitamos una cuchara. Y esta cuchara es la filosofía. La filosofía nos enseña a pensar y a sentir lo que nosotros ya pensábamos y ya sentíamos.

Nueva Acrópolis es un movimiento filosófico que está en muchos países del mundo. ¿Por qué se llama Nueva Acrópolis? Porque queremos hacer una ciudad alta, pero no una ciudad física, sino una ciudad alta en lo moral, en lo espiritual. Una ciudad en la cual todos podamos vivir, en la cual aun los más pequeños tengan un lugar. Una ciudad en donde reine antes el amor que el odio, en donde en vez de la guerra reine la paz y donde podamos volver a vivir en concordia. Concordia no significa igualdad, porque cada uno de nosotros somos diferentes. Concordia quiere decir “corazón con corazón”, atreverse a latir todos juntos, a vivir todos juntos. Aceptarnos con nuestras diferencias, con nuestras imperfecciones, con nuestros defectos y sin la bendición de ningún ángel guardián; por derecho propio espiritual, existir ayer, hoy y mañana, y encontrar el individuo interior.

Platón decía que el individuo era aquello que no se podía dividir, aquello que no se podía corromper. Si nosotros volvemos a encontrar ese individuo interior, aquello que no se puede corromper, estamos en un camino místico y religioso, aunque no tengamos la bendición de nadie. Cuando las religiones formales pierden este concepto de respeto por el individuo y respeto por cada persona, agonizan, mueren, comienzan a estratificarse y a cristalizarse. De ahí que promovemos una filosofía donde, más allá o más acá, según el gusto de cada uno y cada cual teniendo la creencia que quiera tener, el hombre pueda, sin embargo, encontrarse a sí mismo, reencontrar la belleza en la naturaleza, reencontrar la música en el universo.

Este mundo excesivamente materialista ha contaminado la naturaleza, no solamente la física, ha contaminado la naturaleza psicológica, la naturaleza mental. No solamente están sucias nuestras ciudades; nosotros mentalmente también estamos sucios. Cuando alguien nos habla, cuando alguien nos dice algo, lo primero que nos preguntamos es: «¿Qué mentira nos estará diciendo?, ¿qué habrá detrás de este señor que nos está hablando?, ¿adónde nos querrá llevar?». Estamos contaminados, ya no tenemos más pureza. La pureza es fe, es creer en lo que la gente dice, es tener paz en el corazón para aceptar lo que la gente dice, es ver en las flores no solamente los órganos sexuales de las plantas, sino ver en las flores una belleza que nos permite andar por el mundo más alegres; es una sabiduría del universo.

Cuando nosotros nadamos sumergidos viendo los peces entre las rocas del mar, esos peces de colores, no los podemos diferenciar de las piedras, porque tienen camuflaje. Los hombres utilizaron originariamente el camuflaje en la Primera Guerra Mundial. Desde que el mundo es mundo, los animales ya usaban el camuflaje. Alguien pensó todo esto. Hay un pensamiento cósmico que nos rodea. Ese sentido de que hay un pensamiento cósmico que nos rodea, que dio la belleza a las flores, la posibilidad de sobrevivir a los animales débiles, está en el hombre nuevo que nosotros proponemos. Un hombre nuevo, del que no importa la edad física que tenga, pero un hombre nuevo que pueda valorar la belleza, que pueda no solamente entender el bien, sino hacer el bien. Un hombre que no sea feliz si no son felices todos los seres humanos de la tierra. Un hombre que no base su felicidad en la infelicidad de los demás. Un hombre que sienta una especie de imperio de bondad en el mundo, en el sentido de la bondad hacia todos, una actitud bondadosa con los hombres, con las cosas, con los animales, con las plantas.

Ese hombre es el hombre nuevo. Ese hombre puede crecer dentro de cada uno de nosotros como si fuese una rosa. Aquellos que ya tienen ese hombre nuevo dentro, sienten el perfume de esa rosa, y ven las cosas con un sentido de belleza, con un sentido de inmortalidad.

Y así, cuando vengan las nuevas formas religiosas estaremos todos preparados para poder entenderlas, y al mismo tiempo, entenderemos las viejas formas religiosas. Y también entenderemos a los que no creen en Dios. Porque podremos, con base en la transmutación del amor, entender a todos los seres humanos, a todas las cosas, a todo el universo que nos rodea, y lo que es más fundamental, entendernos a nosotros mismos, poder convivir con nosotros mismos, con nuestros errores, con nuestras debilidades, con nuestros sufrimientos. Poder convivir en la seguridad de que todo forma parte de una armonía universal.

Las religiones agonizan cuando pierden el concepto de esta armonía universal. Pero las religiones son tan sólo formas históricas de la comprensión de la divinidad. No tenemos por qué derrumbarnos con las religiones ni con ninguna forma exterior. Tenemos que tener la fuerza interior de poder seguir adelante. Mañana amanecerá de nuevo; tenemos que estar seguros de ese amanecer y dentro de nuestra pequeña medida trabajar por ese amanecer. En ese amanecer cantarán nuevos pájaros, correrán nuevos niños, se cantarán nuevas canciones, habrá nuevas músicas, nuevos conocimientos, pero nosotros interiormente seguiremos siendo los mismos; los que estuvimos antes, hoy y mañana.

Nosotros los filósofos, somos los amantes de la verdad, los amantes de lo bello, los que podemos entender las cosas bellas, los que podemos trascender, ir más allá de lo que nos muestran las cosas. Eso crea una nueva ética, una nueva moral, un nuevo sentido estético.

Las religiones agonizan, mueren porque nacen: todo lo que nace tiene que morir. Pero aquello que nunca nació, aquello que está desde el fondo del tiempo, que nuestros antepasados adoraban junto a las hogueras, eso quedará a través de la eternidad. Y aquel que lo entienda, y aquel que lo sienta, y aquel que lo viva, va a tener paz en su corazón y va tener las manos limpias, limpias de mal, va a tener la verdadera bondad, la verdadera luz, y podrá andar por el camino de la verdad.

Queridos amigos, a pesar de la barrera del idioma, como os hablé con el corazón, es mi esperanza que vuestros corazones puedan entenderme. Ahora olvidadme a mí, pensad en vosotros mismos, pensad en los que vendrán. Cada uno deberá ser un poco más bueno, un poco más justo, y en ese momento amanecerá.

Créditos de las imágenes: Isabella and Louisa Fischer

Si alguna de las imágenes usadas en este artículo están en violación de un derecho de autor, por favor póngase en contacto con nosotros.

Referencias del artículo

Conferencia dictada el 28 de abril de 1983 en la sede de Nueva Acrópolis, Rua Serpa Pinto, 5, Chiado, Lisboa, Portugal.

Un comentario

  1. Alejandro Jiménez dice:

    Gracias por la publicación en primer lugar. Como siempre escribo, no paren de mantener esta biblioteca virtual, ya que así como es de mucho apoyo para mí, seguramente lo es para otras personas. Admiro el lenguaje simple pero profundo del profesor Livraga, que es capaz de bajar a ejemplos cotidianos, cosas tan complejas como el entendimiento de la diversidad de las religiones ¡Gracias!

    Saludos de Nueva Acrópolis Venezuela – San Cristóbal.

¿Qué opinas?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *