Simbolismo de… la manzana

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz

publicado el 25-08-2022

La manzana es una fruta cargada de simbología y estrechamente vinculada a la historia de la humanidad. Ha sido frecuentemente utilizada como emblema de salud atribuyéndosele propiedades siempre beneficiosas, lo que ha dado lugar a dichos populares como el de “Una manzana al día, el médico te ahorraría”.

ManzanaLa manzana se utiliza simbólicamente en muchos sentidos. En la Biblia tenemos los más conocidos, que van desde la “manzana del paraíso” con la que Eva tentó al primer hombre, quedando así como emblema de los deseos humanos, del pecado y de la tentación, hasta la manzana del Cantar de los Cantares que, según comenta Orígenes, representa la fecundidad y la sabiduría del verbo divino. Se trata pues, de un símbolo de la tentación y del deseo de conocimiento –el fruto del árbol de la vida y de la ciencia del bien y del mal–, que confiere además fecundidad e inmortalidad.

Por su forma casi esférica, la manzana es también símbolo de unidad, de la totalidad de los deseos terrestres y de su desencadenamiento entre los seres humanos. La prohibición de comer la manzana venía de la voz suprema que se opone a la exaltación de los deseos materiales. La sed de conocimiento es por tanto –como decía Nietzsche– una zona intermedia entre los deseos terrestres y la sed del puro y verdadero conocimiento espiritual.

También puede ser la manzana símbolo de la discordia. Esta última hace alusión a la manzana de oro que, según cuenta la mitología griega, en la boda de Tetis y Peleo arrojó Eris, la diosa de la discordia, con un letrero que decía: “Para la más bella”, a fin de encender una disputa entre las diosas allí presentes. Eris estaba muy enfadada por no haber sido invitada a esta boda y decidió vengarse provocando un conflicto que el mismo Zeus no se atrevía a resolver, por lo que llamó en su ayuda a Paris, el príncipe troyano. Esto dio lugar al famoso Juicio de Paris, en el que éste tenía que decidir entre Hera, Afrodita y Atenea quién era la diosa más bella y por tanto la acreedora de la manzana. Las tres le ofrecieron grandes regalos para seducirlo y ser la elegida, pero fue Afrodita la ganadora al asegurarle a Paris el amor de Helena, la mortal más bella de Grecia, esposa del rey Menelao de Esparta; Paris entonces raptó a Helena, hecho que desencadenó la guerra de Troya.

La mitología griega nos habla también del Jardín de las Hespérides, un bello lugar propiedad de la diosa Hera situado en un lejano rincón de occidente, en el cual crecía un árbol que daba las famosas manzanas de oro que proporcionaban la inmortalidad. El árbol había sido un regalo de bodas de Gea –la Tierra– para Hera, quien lo plantó y encargó de su cuidado a las hespérides, tres ninfas llamadas Hesperetusta, Egle y Eritia, hijas del titán Atlas. El jardín era algo muy preciado para Hera, tanto que dejó de confiar en la sola custodia de las ninfas para la protección de las manzanas de su árbol favorito, por lo que reforzó su custodia con la del monstruo Ladón, un dragón de cien cabezas que enroscaba su cola en el tronco del árbol y permanecía siempre despierto para que nadie robara sus frutos.

Según el abate E. Bertrand, el simbolismo de la manzana procede de su interior, pues si partimos horizontalmente una manzana por la mitad, nos encontramos con un pentagrama, una estrella de cinco puntas formada por los alveolos que encierran las pepitas. El pentagrama expresa la unión del 4+1, la materia y el espíritu, un símbolo que, según Paracelso, es uno de los signos más poderosos

Créditos de las imágenes: Priscilla Du Preez

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