El triángulo está directamente vinculado al simbolismo del número tres, que es el retorno a la unidad tras la división del dos, la primera dualidad. Es un símbolo geométrico asociado con lo divino, cuya chispa, como bien sabemos, está presente en todo. El Concilio de Nicea lo utilizó para explicar el misterio de la Santísima Trinidad, pues el triángulo muestra la relación de sus tres ángulos con el centro y no entre ellos, lo cual es la base para entender que son Tres Personas y un solo Dios. En el teorema de Pitágoras, los dos catetos del triángulo simbolizan al Padre y a la Madre, mientras que la hipotenusa que los une simboliza al Hijo.
El significado del triángulo puede variar según su posición, la longitud de sus lados y el contenido. Hay casos en que es portador de otro símbolo dentro de sí, como por ejemplo el triángulo con el “Ojo que todo lo ve”, de uso habitual en la masonería, donde es conocido como el “Delta luminoso” por su semejanza a la letra griega delta (Δ). Es la representación del Gran Arquitecto del Mundo, y es también considerado un símbolo de la omnipresencia del Principio Creador en el Universo. En las logias masónicas se coloca en la parte superior y central del ala Oriente del templo, entre el Sol y la Luna, lo cual refuerza su simbolismo luminoso y solar, ya que el Este tiene un especial significado en sus rituales.

Como símbolo de lo sagrado, el triángulo tiene muchas connotaciones, dependiendo de la cultura y la religión en donde lo encontremos. En el judaísmo aparece la Estrella de David, una figura estrellada de seis puntas, compuesta por dos triángulos entrelazados que simbolizan la unión de lo femenino y lo masculino, encarnados frecuentemente también por la copa y la espada como figuras simbólicas de la dama y el caballero.
En el mundo alquímico el triángulo representa al Sol y la Luna, y a los elementos Aire y Tierra. Con la punta hacia arriba es el símbolo del Sol, del fuego y lo masculino (la espada), mientras que si está invertido es el símbolo de la Luna, del agua y lo femenino (la copa). Con una línea que lo divide en el centro es el símbolo de los elementos Aire y Tierra.
En el hinduismo el triángulo está asociado con el mantra Aum y la manifestación de las tres Gunas de Maya: Rajas, Tamas y Sattva. Asimismo, representa a la Trimurti, la triada integrada por los dioses Brahma, Vishnú y Shiva, encargados de la Creación, la Preservación y la Destrucción del Universo.
El triángulo equilátero, desde muy antiguo, ha sido considerado el símbolo de la perfección y la armonía, así como la representación de los tres atributos divinos: el Poder, la Sabiduría y la Belleza. También puede representar a los reinos mineral, vegetal y animal. En el Timeo, Platón expone que el triángulo equilátero es el símbolo de la Divinidad, de la Armonía y la Proporción; y el hombre es representado por el triángulo rectángulo que nace de la división vertical en dos del triángulo equilátero.
Según Boecio, que adopta las concepciones geométricas platónicas, la primera superficie es el triángulo, la segunda el cuadrado y la tercera el pentágono, y todas, partiendo de líneas desde su centro hasta los ángulos, pueden ser divididas en triángulos. El Tetragrammaton, el nombre de Dios traducido al hebreo como Adonai (Señor), compuesto por las 4 letras YHWH es uno de los talismanes más antiguos, y es conocido como Pentalfa (5 Alfas), en alusión a las cinco puntas de su pentagrama.
Al adoptar el pentágono la forma estrellada se convierte en un Pentagrammaton, el símbolo y el amuleto más conocido del mundo esotérico, que designa la armonía universal y se emplea como un poderoso talismán contra las influencias dañinas y los malos espíritus.
Créditos de las imágenes: Maria Willow, ryota nagasaka




