Simbolismo de… el templo

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz

publicado el 25-04-2026

El principal objetivo del templo es el de ser un espacio que permita y refleje la vida divina en la Tierra, a fin de que los seres humanos podamos tener acceso al mundo divino y establezcamos contacto de alguna manera con los dioses. Su arquitectura está pensada y formulada a partir de las representaciones que la imaginación humana ha creído que deben tener estos espacios sagrados, según estén situados en uno u otro lugar geográfico determinado de nuestro planeta, para poder establecer una comunicación eficaz entre el cielo y la tierra.

Así podemos ver, por ejemplo, la efervescencia de la vida y la alegría que animan los templos hindúes; la grandiosidad colosal de la arquitectura egipcia que tanto admiramos en sus grandes templos de Karnak y Luxor; la divina proporción en los santuarios de las acrópolis griegas con el Partenón de Atenas como símbolo de la belleza más clásica; la elegancia y la majestuosidad de las catedrales góticas repartidas por toda la Europa medieval; la armonía de la música que ofrecen los grandes órganos con el silencio y las luces íntimas de las iglesias cristianas; las fastuosas mezquitas del mundo islámico, los tesoros que guardan las sinagogas judías… Todos los templos tratan de evocar en nosotros la magnificencia y la belleza del mundo divino y nos hacen añorar la compañía de los dioses.

Los templos son recintos sagrados construidos para ser las sedes que acojan las ideas más elevadas de nuestro espíritu y los arquetipos universales como el amor, la verdad, la bondad, la justicia, la belleza… al mismo tiempo que son imágenes cósmicas de lo divino. El propio Universo está concebido como un inmenso templo que acoge la omnipresencia de Dios. Y los grandes místicos consideraron que también el cuerpo humano es un templo que acoge en nosotros al Espíritu Santo.

La propia palabra “templo” está ligada a la observación del movimiento de los astros. El “templum” significaba en la antigüedad clásica el sector del cielo que los augures romanos delimitaban con la ayuda de su bastón y en el cual observaban desde los fenómenos naturales hasta el vuelo de los pájaros. El “templum” designaba el lugar en donde se practicaba esta observación del cielo. De la misma manera el término griego “temenos”, que viene de la misma raíz “tem” (cortar, delimitar, repartir), significaba “el lugar reservado a los dioses”.

Simbolismo del templo

El templo es también el espacio elegido por Dios para ser adorado y tener su sede en la Tierra. Por esta razón, todo templo se sitúa a plomo por debajo del “palacio celeste” y es como un centro del mundo. Los templos más famosos, como los de Jerusalén, Delfos, Angkor, Bonobudur, los de la América precolombina, etc. etc. se suelen llamar “ombligos del mundo”, pues es de creencia popular que el espacio nace y se resume en ellos. De ahí la importancia de una cuidadosa orientación a la hora de programar y construir un nuevo templo.

En la antigüedad más remota se consideraba a la Naturaleza toda como un gran templo. Los primeros seres humanos celebraban sus ritos en los claros de los bosques, en lugares cercanos a manantiales o pozos naturales, que consideraban espacios sagrados y habitados por los dioses.

Créditos de las imágenes: Petr Slováček

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