Simbolismo de… el rayo

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz y M.A. Fernández

publicado el 25-05-2019

El rayo es el símbolo de la suprema potencia creadora. De ahí que sea el principal atributo de Zeus en su condición de demiurgo. Representación del fuego celeste en su forma activa de terrible dinamismo y efectividad, fue un regalo de los Cíclopes, que lo forjaron para el menor de los hijos de Cronos. En manos de Zeus, es una concentración de luz y de fuego increíblemente poderosa y activa.

Los rayos simbolizan una emanación luminosa que se expande desde un centro, sol, santo, héroe, genio, etc. expresando una influencia fecundante, de orden material o espiritual. Todo ser radiante es de naturaleza ígnea y está emparentado con el Sol. Puede calentar, estimular y fecundar, o, al contrario, quemar, secar y esterilizar, según las disposiciones del sujeto que reciba sus rayos.

Por otra parte, la luz que provoca el rayo se relaciona con la aurora y la iluminación, y también con el principio primaveral, símbolo de todos los inicios cíclicos. Es la luz solar que hiende la cavidad oscura del caos tenebroso e impone el orden y la justicia, la imagen del Logos hiriendo las tinieblas.

El rayo es también un emblema de soberanía. Representado con alas, simboliza la idea de poder y celeridad, de voluntad y decisión.

Los tres rayos de Júpiter representan el azar, el destino y la providencia, o sea las tres fuerzas que intervienen en el devenir. En la mayoría de las religiones encontramos a la divinidad oculta, retirada tras la creación, y el rayo es como una súbita e instantánea manifestación de su poderosa actividad.

Los siete rayos solares se identifican con los siete colores del Arco Iris y su significado esotérico y místico marca cada uno de las siete tipos de manifestaciones en que se clasifican los Egos humanos.

En el Tíbet el vajra, que significa “rayo” y “diamante”, se halla también en relación con el eje del mundo, pero si la cruz, la escalera y el mástil de sacrificio expresan el anhelo del hombre para alcanzar el mundo superior, el rayo expone la situación inversa: la acción de lo superior sobre lo inferior. Se relaciona también con la mirada del tercer ojo de Shiva, el destructor de las formas materiales.

Psicológicamente, ser herido o fulminado por un rayo significa adquirir conciencia, recibir la luz de la vida espiritual que ciega y obliga al sujeto a cerrar los ojos, es decir, a recogerse en sí mismo como seducido y anonadado por la fuerza poderosa del poder divino, que se le ha manifestado súbitamente en un instante preciso de la vida. Este rayo procedería del ojo de la divinidad, simbolizando su mirada que desciende como una dádiva posándose sobre el que recibe la iluminación.

Simboliza, resumiendo, la chispa de la vida y el poder fertilizante. Es el fuego celeste, de enorme fuerza y temible rapidez, que puede ser igualmente benéfico o nefasto. Cuando Dios habla, siempre se dice que está rodeado por el ruido del trueno y la luz de los relámpagos.

Créditos de las imágenes: Sean McAuliffe

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