Simbolismo de… el caduceo

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz

publicado el 25-07-2021

El caduceo es un símbolo muy conocido y asociado a diversas deidades en casi todas las civilizaciones de la antigüedad. Los elementos que lo caracterizan son siempre los mismos, ya sea en las manos de Hermes-Mercurio o en las de Asclepios-Seraphis.

Sus elementos básicos, que nos permiten reconocerlo allí donde aparece, son: un bastón o vara central, dos serpientes entrelazadas a su alrededor, y unas alas. Tres símbolos importantes que nos hablan en un lenguaje sagrado acerca del eje central del orden del mundo, de la dualidad de todo lo manifestado y del incesante movimiento universal.

Símbolo CaduceoLa vara es expresión de la unidad, una representación del axis mundi; este bastón central del caduceo es también un pilar sagrado, una columna, un cetro, un menhir clavado en la tierra como eje del mundo para imponer el orden divino. Las serpientes se enroscan alrededor de él del mismo modo en que la plegaria de los fieles asciende a lo alto como una espiral, que va desde la tierra hasta el cielo y nos pone en comunicación con los dioses; estas serpientes enfrentadas son un símbolo de la dualidad que, a la vez que los enfrenta, armoniza los contrarios: el bien y el mal, la salud y la enfermedad, el día y la noche, el yin y el yang, etc. Y las alas nos hablan de ligereza y de movimiento, de la posibilidad de volar de un lugar a otro transmitiendo los mensajes de los dioses y el conocimiento a los hombres.

Para los griegos el caduceo se relaciona con el dios Hermes, que lo porta como mensajero de los dioses y también como guía de las almas, a las que acompaña llevándolas con sus aladas sandalias al otro lado de la vida. También en la antigüedad europea se podía encontrar la huella de Hermes en los caminos y encrucijadas representada por una herma con un falo erecto (lingam) que es igualmente símbolo del eje y de la bipolaridad presente en la fecundación de la tierra (yoni).

La palabra ‘caduceo’ proviene del latín «caduceum», que a su vez deriva de otra palabra griega que se puede traducir como «heraldo» o «anunciador». Curiosamente, esta raíz también incluye al gallo, el gran anunciador de la mañana y de la luz del nuevo día.

Según H. P. Blavatsky, los griegos tomaron de Egipto la idea del caduceo. Allí el símbolo de una vara con dos serpientes enroscadas se encuentra en monumentos tan arcaicos como los que anteceden a la aparición de Osiris como deidad entre los hombres. Los griegos lo utilizaron con similar significado poniéndolo en manos de Hermes y de Asclepios, y más tarde los romanos lo hicieron igualmente con Mercurio y Esculapio.

Así, desglosando el sentido del mástil central, de la serpiente o de las dos serpientes enfrentadas, de las alas y –en ocasiones– de la copa en la que bebe la serpiente, llegamos al simbolismo del caduceo como emblema también de la medicina y de la salud como símbolo del orden que reina en un cuerpo sano. Como dice Hadot «Se pueden reconocer en la figura del caduceo los dos grandes motores que, según Goethe, actúan en los procesos naturales: la polaridad y la ascensión». En efecto, el caduceo es el símbolo de la unión de los opuestos, de la armonía y la fuerza que organiza y mantiene en incesante movimiento ascendente el orden del mundo, y aunque a veces haya que transitar por caminos retorcidos y difíciles para llegar al cielo, nuestro sendero interior debe ser siempre recto como el eje del caduceo.

Créditos de las imágenes: Manuel M. V.

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