Simbolismo de… el mandala

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz

publicado el 25-02-2026

Mandala significa en hindú “círculo” y en sánscrito “círculo sagrado”. El diccionario lo define como “representación geométrica y simbólica del universo en el brahmanismo y en el budismo”, aunque también se encuentran en otras culturas, como algunas indígenas de América o aborígenes de Australia. En el mandala se representa un resumen de la manifestación, una imagen del mundo y de los poderes divinos, a la vez que sirve como una representación psicagógica para conducir a la iluminación.

Los mandalas son obras de arte milenarias ideadas para hacer meditación; son un soporte gráfico utilizado como medio para alcanzar la concentración y educir lo mejor de nosotros mismos, y son también un “psico-cosmo-grama”, o sea, una representación de la psique y del cosmos unificando el universo con nuestra propia mente, lo que nos permite reintegrar el universo manifestado con la conciencia absoluta de nuestro propio ser. Sus virtudes terapéuticas permiten recobrar la armonía interior para ir avanzando en el conocimiento de nosotros mismos.

simbolismo mandala

Podemos encontrar mandalas en muchas culturas, pero siempre utilizados con la misma finalidad, como ayuda para producir estados modificados de conciencia y propiciar el avance del alma en su camino de evolución. El lamaísta Lingdam Gomchen le explicó a C.G. Jung que el mandala es como «una imagen mental que debe ser creada, mediante la imaginación, solo por un lama instruido», afirmando que «ningún mandala es igual a otro, que todos son diferentes». Ante tanta singularidad, el coloreado del mandala puede ser realizado por todos, ya sean niños o adultos y sepan o no dibujar. Su práctica es fácil, dado que solo hay que rellenar de color los diferentes elementos geométricos representados; cada uno escoge los colores en función de su estado de ánimo, lo cual sirve para meditar, energizarnos y equilibrar los desórdenes que nos alteran y desestabilizan. La realización de mandalas es eficaz para serenar el ánimo y controlar los estados de desequilibrio. Su utilización es tan antigua, que podemos encontrar mandalas grabados en las pirámides de Egipto, donde su fuerza se utilizaba también para la energización del lugar; hay papiros que muestran la utilización de mandalas dentro de las casas para mejorar la armonía y transmutar la energía negativa en positiva. En la civilización china, se utilizan todavía hoy para generar abundancia y prosperidad en el trabajo y para fortalecer la salud.

Los mandalas han sido utilizados desde siempre por sacerdotes y sabios en sus rituales de sanación. Los más antiguos, los grandes mandalas de la tradición hindú, suelen ser imágenes enormemente complejas, que incluyen letras sánscritas y diferentes deidades. A veces parecen auténticos laberintos. Mircea Eliade, decía que «son a la vez una imagen del universo y una teofanía». El anillo externo del mandala es una “barrera de fuego” que, por una parte, prohíbe el acceso a los no iniciados, y por otra simboliza el conocimiento metafísico que “quema la ignorancia”. C.G. Jung, considerando que el hombre moderno está desintegrado y separado de sí mismo, decía: «El símbolo geométrico del círculo ha vuelto a desempeñar hoy un papel importante. El círculo es un símbolo de la psique, y el cuadrado de la materia terrenal». Al parecer los mandalas más impresionantes son los que surgen directamente de la imaginación, sin un propósito preconcebido. Se utilizan para restablecer el orden perdido con anterioridad y especialmente con un propósito creador, para dar a la luz algo nuevo que antes no existía, y ambos propósitos se complementan.

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