Polimnia, la musa de la Poesía Sacra

Autor: Delia Steinberg Guzmán

publicado el 17-09-2017

Hoy vi a Polimnia, la musa, grave y recatada, modulando himnos en viejas lenguas que nuestros oídos no alcanzan a comprender.

Polimnia, la musa de la Poesía SacraEn medio del desierto de la vida diaria, fue una bendición reconfortante el percibir esos extraños y rítmicos sonidos que traían recuerdos de orden y paz.

Los griegos la llamaban Polimnia… la de los muchos himnos, la del canto sagrado, la de las danzas rituales en honor a los dioses… Los griegos la hicieron bella y discreta, velaron sus rasgos pudorosos y abrieron, en cambio, los corazones para escu­char la melodía inagotable de la fe convertida en música.

Los griegos de Polimnia supieron de la fortaleza de un himno, de la tranquilidad espiritual de un sentimiento religioso y, habiéndola dejado cantar entre los hombres, un buen día la llevaron al cielo de los inmortales para que deleitase a los dioses, creyendo que en la Tierra la lección ya había sido aprendida…

Pero nada más lejos de los hombres que la musa del ritmo religioso. Apenas sabemos qué es el ritmo. La religión se ha confinado en pocos reductos y la vulgaridad obscena ha ganado sus altares. ¿Cantos, danzas? La poesía está a punto de morir; solo se canta al polvo que barre los caminos; solo se danza el desmoronamiento de un cuerpo humano que sabe de debilidades, temores y muerte… ¿Himnos? ¿Para qué…? ¿A quién elevar estrofas de agradecimiento y esperanzas? ¿En nombre de qué se trata de robuste­cer el ánimo y el carácter? ¿Quién sueña con marchar con paso firme hacia las estrellas? ¿Quién busca girar en el espacio en figuras espiraladas que lleven al trono de Polimnia?

Pobre musa que has bajado a la Tierra, y has asumido fugaces visiones a los ojos de los hombres desvalidos… Hemos de aprovechar tu aparición y retomar los ritos de mística y belleza…

Estamos en el mes de mayo, el mes de la Virgen, de las flores que se abren ante los renovados rayos del sol; es el mes del perfume y las brisas cálidas que presagian la vida eterna, más allá de las sombras del invierno. En este mes de mayo, pues, inten­taremos recobrar la discreta dulzura de tus velos y el recato de tu mirada limpia que solo sabe de ángeles y dioses.

En este mes de mayo intentaremos armonizar nuestras voces para entonar viejas canciones que hablan del hombre y su camino ascendente; saludemos nuestros cuerpos con la armonía y el ritmo de la danza.

En este mes de mayo comenzaremos a cuidar nuestras palabras, nuestros gestos, multiplicaremos nuestras sonrisas y moderaremos nuestros impulsos, en un intento de convertir en actitud sagrada cada uno de nuestros movimientos.

En este mes de mayo, tu nombre, Polimnia, será nueva promesa de pureza y fertilidad. Te veremos en las flores y en las nubes, en los niños y en los pájaros, y habremos aprendido el arte de tus viejos himnos. Habremos aprendido aquel perdido lenguaje que entienden los dioses y que los hombres hemos olvidado desde que hemos abandonado la oración.

Oración, rezo, canto, danza de severos pasos; ritmo, himno, alegría; primavera, fe y esperanza. Todo esto he visto, porque hoy vi a Polimnia.

Créditos de las imágenes: The Athenaeum

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Un comentario

  1. Gloria Verité dice:

    Qué hermoso texto. Sólo quería saber quien era Polimnia porque soñé con ese nombre y vaya sorpresa llegar aquí y recordar que es una de las musas que alguna vez pronuncié en mi infancia. Y sí, lo que escribes es muy hermoso, digno de Polimnia. Saludos.

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