Características generales de la filosofía kantiana

Autor: Victoria Calle

publicado el 15-08-2026

Immanuel Kant defenderá toda su vida la libertad de pensamiento, no solo en su aspecto social y político sino en cuanto animó siempre a sus discípulos a pensar por sí mismos. Gran parte de su esfuerzo como filósofo estuvo encaminado a combatir los prejuicios, la superstición y el fanatismo. Suya es esta frase: “Es necesario no ya aprender filosofía, sino aprender a filosofar”.

Kant combatió todo intento de poner límites a la razón en nombre de la fe o de cualquier otra experiencia mística. No obstante la educación de Manuel Kant en un colegio pietista y su ascendencia familiar puritana influyó sin duda en su obra. El pietismo era una corriente protestante fundada a fines del siglo XVII por Ph. J. Spencer que acentúa el carácter práctico y místico del cristianismo sobre el aspecto intelectual o teológico.

El racionalismo kantiano, siguiendo a Hobbes y a Locke, piensa que la razón es un órgano eficaz de conocimiento pero ni mucho menos un órgano omnipotente, sino que tiene sus límites y condiciones. Establece una diferencia entre conocimiento sensible y conocimiento intelectual y que los principios del conocimiento sensible no deben traspasar sus límites e invadir el campo de los conceptos intelectuales. El objeto del conocimiento sensible es el fenómeno, el del intelectual el noúmeno. El fenómeno es la cosa tal como aparece en su relación con el sujeto; el noúmeno es la cosa tal como es.

Las representaciones que nos vienen sin la intervención de nuestro libre albedrío, es decir, por los sentidos, nos dan a conocer los objetos solo tal y como nos afectan, es decir, que conocemos las apariencias (fenómenos) y no la cosa en sí misma. Distinguimos un mundo sensible y cambiante, y un mundo inteligible que es siempre el mismo.

Kant aporta la idea de la mente como “molde o marco conceptual” por virtud del cual nos es posible “conocer” los objetos de la experiencia, de manera tal que dichos objetos no se presentan ante el sujeto cognoscente en la realidad misma. Por consiguiente, el sujeto delimita el objeto al plantear el molde conceptual con el que describirá los objetos. Es decir, el hombre conoce de acuerdo con su “instrumento”, para conocer la realidad en sí misma necesitaría la inteligencia divina.

Filosofía Moral

Los conceptos fundamentales de la Moral kantiana están desarrollados en “La Metafísica de las Costumbres”. Comienza Kant dejando establecido que nada puede considerarse ”bueno”sin restricciones, a no ser una buena voluntad, ya que esta es buena en sí misma, con independencia de los frutos que se logren al llevarla a la práctica.

Pero se pregunta: ¿cuál será la guía de una buena voluntad?; ¿le guiará la razón o el instinto? Su respuesta es que no puede ser el instinto, ya que este busca siempre la satisfacción de sus necesidades. Así pues, deberá ser la razón, ya que su fin no es alcanzar un placer o beneficio propio, sino producir justamente una voluntad buena, no en tal o cual aspecto, sino buena en sí misma.

Una voluntad buena en sí misma quiere decir la voluntad de hacer el bien o la libre inclinación al mismo.

¿Cuál es la característica de esa buena voluntad? Kant recurrirá al concepto del deber, porque lo característico de esa buena voluntad es que actúa por deber y no por inclinación, es decir no por instinto o interés.

Los actos serán morales cuando parten de una libre y consciente aceptación de las leyes superiores. Actuar por inclinación o instinto no es un acto moral. Actuar por interés particular, tampoco.

Si bien las cosas en la naturaleza obedecen a las leyes de manera forzada o inconsciente a través del instinto, el acto moral es esencialmente libre y voluntario ya que parte de un impulso interior de hacer el bien, más allá de cualquier interés, placer o dolor. Lo peculiar de la buena voluntad entonces es que actúa por deber, no por inclinación.

El solo cumplimiento de las leyes no hace de un acto algo moral; será en todo caso un acto legal (de acuerdo con la ley) pero, para que sea moral ha de haber algo más. Se puede obedecer a la ley por el miedo a los propios beneficios que puede reportarnos, pero esto no es lo moral; la moralidad aparece cuando la obediencia a la ley parte de la comprensión y aceptación de la bondad que implican y es por eso que hay entonces una buena voluntad, es decir, una libre intención de hacer el bien. Libre y conscientemente se acepta la ley en el acto moral. Entonces el acto es considerado un deber

El hombre es un ser libre y por esto mismo moral. No podría haber moral si no pudiéramos elegir obedecer o no a la ley. Lo moral entonces solo se da cuando existe esta buena voluntad que actúa por deber

“La coincidencia de una acción con la ley del deber es la legalidad, la de la máxima de la acción con la ley es la moralidad de la misma”.

La máxima de la acción se refiere al principio, intención o finalidad de la misma.

El ser racional, es decir, el hombre, tiene dos posibilidades para contemplarse y conocer las leyes que le permitirán hacer uso de sus potencias. Como pertenece al mundo sensible, puede guiarse por las leyes naturales; y como pertenece al mundo inteligible, también puede regir su conducta bajo leyes no empíricas y fundadas en la razón.

El hombre se conocerá como inteligencia, pues, aunque pertenece al mundo sensible, está sometido a leyes de la inteligencia (razón). Las leyes del mundo inteligible serán imperativos, y las acciones adecuadas a ese principio, obligaciones.

De manera implícita, Kant acepta que hay dos tipos de impulsos en los seres: unos inferiores y otros superiores. A aquellos impulsos que están llevados por el instinto, el deseo o el interés, los llama imperativos hipotéticos, mientras que a los superiores los denomina imperativo categórico. El deber es un imperativo categórico. De alguna manera en el hombre luchan estos dos impulsos.

“Los impulsos de la naturaleza suponen, por tanto, obstáculos al cumplimiento del deber en el ánimo humano y fuerzas que oponen resistencia (en parte poderosa); el hombre tiene que juzgarse capaz de luchar contra ellas y vencerlas mediante la razón, no solo en el futuro sino ahora (al pensarlo); es decir, poder aquello que la ley ordena incondicionalmente que debe hacer.”

Incondicionalmente significa sin interés particular, es decir el deber es un imperativo categórico.

Por ejemplo, “puedo soportar injusticias y en mi desesperación quisiera actuar injustamente, como conmigo actúan; si lo hago, me vencerá la inclinación que en mi suscita la emotividad herida; pero si, aun sufriendo, actúo por deber, con justicia, estaré obrando moralmente”.

El deber libremente aceptado, objetivamente es “respeto a la ley”; subjetivamente es un “sentimiento moral” o una “conciencia del propio deber”.

“El respeto a la ley, que subjetivamente se califica como sentimiento moral, es idéntico a la conciencia del propio deber”

¿Cómo saber cuál es el Deber? El Deber aparece más claro cuando se entiende como leyes universales. Dice el filósofo: “Obra según una máxima que pueda valer a la vez como ley universal”

La ley que tiene que estar en la voluntad moral será que debo obrar solo de modo que mi máxima pueda convertirse en ley universal, o sea, que pueda valer para todos los hombres prescindiendo de mi sentir particular.

Ya se ha estudiado todo esto con otras palabras en el Bhagavad Ghita cuando hablamos de la Recta Acción. No será, por tanto, de difícil comprensión el contenido de la moral Kantiana, es decir, el concepto fundamental de la misma porque la filosofía kantiana también nos lleva hacia una Moral Atemporal o Trascendente

La virtud

Para Kant la virtud estará relacionada con la capacidad de cumplir con nuestro deber. Porque podemos saber cual es nuestro deber pero no poder cumplirlo si nos dominan los instintos o los intereses particulares. Aquella lucha entre las dos tendencias a la que se refiere anteriormente tiene que ser dirimida a favor de las leyes morales

“La virtud es la fuerza máxima del hombre en el cumplimiento del deber”

Como Aristóteles, Kant nos hablará de que la virtud se adquiere pero añade una idea más y es que la virtud es, en realidad, el triunfo en esta confrontación de inclinaciones. Si naturalmente el hombre solo tuviera inclinaciones morales sin posibilidad de lucha, ¿cuál sería la virtud, cual el mérito? Para Kant, la virtud es la fortaleza moral que vence en la lucha y en esto se acerca a aquel concepto que los clásicos tenían de la virtud, ya que su nombre en griego areté o su procedencia latina de la raíz vir la relaciona con la fuerza y el valor de los héroes.

“Que la virtud ha de adquirirse es algo implicado ya en su concepto. Porque la capacidad moral del hombre no sería virtud si no estuviera producida por la fortaleza de la intención en la lucha con las poderosas inclinaciones contrarias.”

Para adquirir la virtud, esa fuerza heroica, hay que practicar con buena disposición de ánimo. Contrariamente a las ideas que hacen de la virtud algo insulso, Kant nos habla de valor, alegría y conquista de la libertad. La virtud también se aprende y se enseña a través del ejemplo:

“Las reglas para ejercitar la virtud remiten a las dos disposiciones del ánimo, la del ánimo valeroso y alegre en el cumplimiento de sus deberes.”

“La gimnasia ética consiste sólo en luchar contra los impulsos naturales hasta dominarlos en los casos en que peligra la moralidad; por tanto, hace valeroso y alegre gracias a la conciencia de haber reconquistado la libertad.”

“El medio para educar en la virtud es para el maestro mismo el buen ejemplo.”

Kant hablará de la adquisición de la virtud como uno de los deberes humanos, ya que estos deberes humanos son para el filósofo:

“La propia perfección y la felicidad ajena”.

La propia perfección consiste en el cultivo de nuestras facultades o disposiciones naturales, de la voluntad.

“Es para el hombre un deber progresar cada vez más desde la incultura de su naturaleza, desde la animalidad hacia la humanidad”.

Leemos en estas palabras la antigua idea de educación como “educir”, sacar de dentro, desarrollar; también la tradicional idea del hombre como un ser en evolución, una conciencia entre los dos mundos, en ese “antakarana” del que nos hablan las doctrinas hindúes y tan excelentemente representada en el símbolo de Arjuna en medio de los dos ejércitos. Es la lucha y la victoria; el dominio de nuestra personalidad inferior y el logro de la propia perfección.

 

NOTA

Todas las citas señaladas en cursiva están tomadas del libro “Metafísica de las Costumbres”.

Créditos de las imágenes: Store norske leksikon

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