Los atenienses mandaron embajadores al rey Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, con el fin de evitar la guerra Los embajadores regresaron admirados de todo lo que habían visto en la ciudad y en el palacio del rey. Y de la persona del rey de quien decían:
—Es hombre de una gran belleza y de una gran elocuencia y con una capacidad extraordinaria para la bebida.
En aquellos tiempos, la resistencia al vino era una de las buenas cualidades de que se alababan los grandes hombres. Demóstenes, molesto con aquella embajada en la que no había participado les dijo:
—Ninguna de esas tres cualidades es propia de un rey. La belleza es más propia de mujeres; la elocuencia es más propia de los embaucadores y la capacidad de absorber vino es más propia de las esponjas.
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