Amanecer y ocaso del hombre tecnológico

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 06-10-2015

¿Qué importancia ha tenido la técnica en el devenir de la Humanidad? Por su propia definición, se trata de aquella serie de medios por los cuales el ser humano consigue dominar la materia. Y, sin embargo, los elementos técnicos no son los únicos a tener en cuenta a la hora de medir un índice de avance. Hoy nos vemos imbuidos en un culto a la técnica, de forma que calibramos los grados y excelencias de las civilizaciones en base a sus técnicas más o menos avanzadas. Y además nos aferramos a nuestra propia forma de vida. Cuando visitamos monumentos pertenecientes a pueblos de la Antigüedad, nos sentimos más impresionados por las similitudes con nuestra técnica que podamos encontrar que con sus logros de tipo religioso o metafísico.

Nueva Acrópolis - Hombre tecnologíaDesde el punto de vista filosófico, la técnica no es la única expresión de la cultura humana sino que es solo una de tantas expresiones, y puede además haber muchas formas de técnica.

Los antiguos chinos, por ejemplo, en el segundo milenio a. C. ya tenían formas de brújulas, como también los fenicios, y en el siglo pasado las exhibíamos en los museos sin reconocerlas como tales, porque no eran brújulas tal cual nosotros las entendemos.

¿Cómo comenzó la técnica en la Humanidad? El ser humano tiene varios aspectos de desarrollo, de autoconocimiento y de dominio de la Naturaleza. No todos los pueblos le han dado la misma importancia a la técnica y es un error que observemos las diferentes civilizaciones desde el punto de vista de un desarrollo en este aspecto solamente.

La ciencia oficial establece el amanecer de la técnica en la época paleolítica, cuando el ser humano comenzó a trabajar la piedra, con sus diversas clasificaciones, que solo se refieren a las obras de los grupos humanos y no a estos en sí mismos. De forma que resulta difícil conocer el porqué de dichas obras. Generalmente, vemos de la Antigüedad aquello que está en contacto epidérmico con nosotros, pero no en profundidad.

Herodoto, en sus nueve libros de Historia, por ejemplo, describe minuciosamente la vida religiosa y cultos de algunos lugares y, sin embargo, menciona como de pasada el que el primer rey de los Ptolomeos tenía un tipo de barco que llegaba a tener once hileras de remos.

También se refiere a un gran reloj que había en Alejandría, que al dar las horas hacía aparecer las doce figuras de los trabajos de Hércules.

Estos pueblos, ciertamente, tenían elementos de técnica avanzada, pero no le daban la importancia que le damos ahora y los conocimientos e imaginación que poseían los canalizaban en otras direcciones, los aplicaban a otros campos.

Cabe preguntarse: ¿podríamos construir catedrales góticas hoy día con la técnica que poseemos? Por supuesto, pero no las construimos porque no le encontramos sentido.

La técnica, de alguna forma, ha existido desde los comienzos de la Humanidad y lo importante es referirnos a la repercusión psicológica de la técnica sobre nosotros y de nuestra propia alienación técnica.

Cabe hacernos una pregunta: ¿hasta dónde nuestra técnica desarrollada está reflejando un materialismo interior, o hasta dónde la evolución exagerada de la técnica no repercute en nosotros también, materializándonos? El ser humano, que se ha identificado exageradamente con la técnica, empieza a tener una dependencia hacia esos elementos materiales, comenzándose ese círculo vicioso en el cual el ser humano hace a la técnica y la técnica hace al ser humano.

Esa búsqueda de atracción y escape de la técnica la podemos comprobar al ver cuántas veces hemos hecho descubrimientos y cuántas veces los hemos olvidado, como si de alguna forma los humanos les tuviesen temor y los olvidasen.

En el cuadro adjunto, confeccionado por el Prof. Fernando Schwarz, de Nueva Acrópolis de Francia, se refleja ese tomar y abandonar los descubrimientos científicos y técnicos.

Esto nos demuestra la existencia de unos ciclos de alienación del ser humano, que el ser humano no siempre piensa de igual forma, que busca diferentes facetas de conocimiento.

En el siglo pasado, los positivistas resolvieron el problema de la Historia estableciendo con el materialismo histórico una curva ascendente en la evolución del ser humano desde su estado más salvaje. Según esta teoría, al principio el hombre tenía una mentalidad mágica y todo lo explicaba por medio de la magia; luego venía el hombre religioso, que comunicaba esa magia oscura; de ahí, el hombre filosófico, que extrajo una serie de símbolos y conceptos abstractos para explicar la naturaleza. Y, por fin, llegaba el hombre científico: el que demuestra y sabe las cosas.

Pero esta teoría materialista se ha visto rebatida por el descubrimiento de torres arqueológicas que muestran que debajo de una cultura no necesariamente aparece otra de desarrollo inferior. Y hoy, en América, podemos ver que al lado de aquellos inmensos monumentos construidos con precisión y grandiosidad encontramos al pobre hombre de hoy que solo puede ganarse un dinero por hacerse unas fotografías junto a unas ruinas.

De ahí que, desde el punto de vista filosófico, el ser humano como tal y en conjunto, asciende y desciende en su evolución.

Hoy en día nos vemos como en la balaustrada de un salto al vacío en cuanto a la técnica. Estamos entrando en una fase en que nuestro mundo no se siente satisfecho por la técnica, encuentra que no le responde a todas las preguntas.

Al principio de la gran producción en serie, el ser humano se veía deslumbrado por las cadenas de montaje. Hoy, sin embargo, otra vez volvemos a sentirnos inclinados hacia la obra humana hecha de manera directa. Y se trata de dar un toque humano a las cosas.

Otra vez el ser humano siente sed de diferenciación, sed de humanismo, sed de reencontrarse consigo mismo.

Estamos cansados de la gran máquina de la masificación.

Nos abrimos hacia algo que ya está dentro de nosotros pero que no queremos aceptar: que la hora de la técnica ha pasado, que hay un nuevo humanismo golpeando en las puertas del futuro.

El ser humano está volviendo a las viejas fuentes. Hoy todo lo que se fundamente exclusivamente sobre la base de lo material está abocado al fracaso, ya sea en lo político, en lo económico, en lo religioso, en lo social. Está renaciendo lo individual en cada ser humano que se siente ahogado por el ambiente masificante.

Por paradoja, una institución como Nueva Acrópolis, que propone el enfoque filosófico de los problemas del ser humano, es hoy algo muy actual, muy necesario y práctico.

Hoy la Humanidad tiene necesidad de ideología, de convivencia, de comprensión. Hasta donde sepamos satisfacer esa sed, cumpliremos nuestro destino histórico.

Hemos de aprender a despegar nuestras manos de la materia, aunque sea poco a poco. Necesitamos crear un laboratorio donde podamos elaborar el nuevo humanismo necesario, un elixir de vida. Y todo aquello que nos quiera masificar, que nos quiera igualar, es algo del pasado, no es algo del futuro.

Jorge Ángel Livraga Rizzi

Publicado en la revista Nueva Acrópolis núm. 30. Madrid, julio de 1976.

Resumen de la conferencia del mismo título dictada en la sede de Nueva Acrópolis en Madrid.

 

Algunos datos sobre la investigación científica

Los descubrimientos científicos no son atributo exclusivo de la edad industrial.

Los antiguos habían alcanzado más de una vez descubrimientos que hoy llamamos «nuevos».

He aquí un cuadro que hará reflexionar al lector sobre innumerables conocimientos olvidados en nuestros días y que duermen sepultados en el inconsciente de la Historia esperando su nuevo despertar.

Concepciones científicas y tecnológicas Conocidas en la Antigüedad Vueltas a descubrir
Teoría atómica Uluka Kanada (500 a. C.)
Demócrito (460-361 a. C.)
Leucipo (480 a. C.)
Epicuro (341-270 a. C.)
Boyle (1661)
Dalton (1805)
Teoría de la relatividad Zenón de Elea (s. V a. C.)
Heráclito (540-475 a. C.)
Einstein (1916)
Teoría de la evolución Anaximandro (611-547 a. C.)
Libro de Manú (200 a. C.)
Darwin (1859)
La Tierra reconocida como planeta Pitágoras (s. VI a. C.)
Anaximandro (611-547 a. C.)
Heráclito del Ponto (388-315 a. C.)
Copérnico (1473-1543)
Influencia de la Luna sobre las mareas Posidonio (135-50 a. C.) Kepler (1571-1630)
La Luna brillando por una luz refleja Parménides (544 a. C.)
Plutarco (s. I)
Galileo (1610)
Planetas más allá de Saturno Demócrito (s. V a. C.)
Anaxímenes (s. V a. C.)
Séneca (s. I)
Urano (1781)
Neptuno (1846)
Plutón (1930)
La Vía Láctea, una nebulosa de estrellas Demócrito (s. V a. C.) Galileo (1610)
Meteoritos, piedras del espacio Diógenes de Apolonia (s. V a. C.) Academia de Ciencias de París (1803)
Música de las esferas Pitágoras (s. VI a. C.) Radio-astrónomos Jansky y Reber (1930-1940)
Aviación Dédalo (2500 a. C.)
Emperador Shum (2258-2208 a. C.)
Ki Kung Shi (1766 a. C.)
Los hermanos Wright (1903)
Turborreactor Hierón (s. I a. C.)
Whittle (1941)
Von Ohain (1939)
Robots y ordenadores Los autómatas de Dédalo (2500 a. C.)
El ordenador de Antikythera (65 a. C.)
Charles Babbage (1833)
Alan Turing (1936)
Norbert Wiener (1948)
Fontanería e instalaciones sanitarias Knossos (2000 a. C.)
Mohenjo Daro, Harrapa (2500 a. C.)
s. XIX
Existencia de América Platón (s. IV-V a. C.)
Séneca (s. I)
El Vhisnú Purana (200 de nuestra era)
Bjarni y Ericson (+/- 1000)
Colón (1492)

Créditos de las imágenes: geralt

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Referencias del artículo
Publicado en la revista Nueva Acrópolis núm. 30. Madrid, julio de 1976. Resumen de la conferencia del mismo título dictada en la sede de Nueva Acrópolis en Madrid.

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