Afrontando nuestro progreso personal en este año

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 05-01-2017

El hombre necesita, de manera natural, de espacios más o menos cerrados para habitar; ese es su espacio vital… el «territorio» que marcan las bestias. Es algo imperioso para todos nosotros fijarnos ciertas metas, superar pruebas, sufrir fracasos, festejar los triunfos y mil cosas más que nos muestran el horror al vacío que subconscientemente sentimos.

Nueva Acrópolis - ProgresoA esa necesidad de nuestra psique responde el que demos una gran importancia a los años, según la cronología aceptada, y también a nuestros personales años que vamos cumpliendo, los primeros muy esperanzadora y triunfalmente, pues vamos dejando atrás las limitaciones de la niñez; luego, con cierta indiferencia, y al final, con un extraño «apuro interior» en hacer cosas, pues bien sabemos que más allá de las bondadosas felicitaciones, de la luz de las muchas velas, el aceite de nuestra lámpara vital se está acabando y a nadie le gusta dejar una vida sin haber plasmado cosas bien hechas, proyectos en buena marcha, libros o trabajos, o versos, o… ¡tantas cosas!

Y, de cara a cada año, muchos de nosotros nos hacemos la pregunta de cómo enfocar el ciclo nuevo de una manera también nueva, hacer progresos evidentes y darnos las satisfacciones que no pudimos en el año precedente.

Pero eres un filósofo… nunca lo olvides… ¡nunca!

Hace unos mil años, otros filósofos, que eran además cabalistas, comparaban el crecimiento de un hombre con el de un árbol. No recuerdo exactamente la parábola… pero se refería a que a un árbol, para que crezca, debemos darle un cuidado especial desde su juventud, regarlo, podarlo y liberarlo de malezas; poco a poco, insensiblemente, irá creciendo y engrosando, gracias al buen jardinero que no olvida que el mejor jardinero es Dios. Las nuevas técnicas de mecanicismo psicológico que te recomiendan observarte día a día cuidadosamente para atisbar cuánto creces son nefastas, pues engendran angustia, ya que nadie puede ver su crecimiento día a día. Así, el hombre necio miraría al árbol queriendo verlo crecer de instante en instante. El sabio simplemente lo cuida y sabe que crece, cosa que constata muy de vez en cuando, sin sorpresa y sin angustia.

Así has de hacer tú contigo mismo. No te des demasiada importancia… sé humilde y laborioso… Riega y cuida tu árbol interior (tu Columna de Estabilidad) a toda hora y diariamente, pero no vivas pendiente de cuánto progresas. Debes tener la seguridad interior de que progresas, pero no la angustia psicopática de una vigilancia que termina en la autohipnosis y la locura sorda de sentirse fracasado. Ten fe, alegría y esperanza. Ten también orgullo interior… ¡Eres filósofo!… No estés pendiente del fruto de la acción ni seas víctima de los encantamientos de los juegos de la ilusión. Así, encara este año con sencillez, casi, casi, como si no existiese, con sabiduría y serenidad.

Créditos de las imágenes: Bricktop

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Referencias del artículo
Artículo aparecido en la revista Nueva Acrópolis de España nº 274, en el mes de octubre de 1998.

Un comentario

  1. Jose Carlos Fernández dice:

    Sabias palabras, y qué poéticamente expresadas! Lo importante del ser humano es el rastro luminoso que deja tras de sí, las vivencias transformadoras que llamamos aprendizaje del alma, los vínculos de amor y fraternidad que hemos contraído (como el entrelazamiento cuántico que une ya para siempre a dos partículas), lo que naturalmente ha crecido nuestro Árbol de los Misterios, “Arbol de Vida interior” o Pilar de la Estabilidad, según expresa el profesor Jorge Ángel Livraga. Y también trazar sin angustias en el espacio y tiempo hitos o marcas que nos sirvan para pautar nuestros trabajos y conquistas externas e internas en él. Estamos encarnados, no somos fantasmas y necesitamos dejar, naturalmente, como dice el autor, una huella en la vida, un destello de luz en los corazones, una palabra o un signo en el libro de piedra o bronce de Historia.

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