Desde muy antiguo, el trébol se considera una planta de buen augurio. Las formas trifoliadas y los arcos góticos de tres lóbulos que recuerdan la elegancia de las hojas del trébol simbolizan el misterio de la Santísima Trinidad en los templos cristianos, y San Patricio lo habría usado en Irlanda, donde abundan los tréboles, para predicar sobre los tres aspectos de Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) como lo Uno.
El trébol de 3 hojas tiene un significado totalmente distinto al trébol de 4 hojas o incluso al de 5. El de 3 hojas, también conocido como trébol irlandés o «Shamrock», es el símbolo nacional de Irlanda; su significado e historia forman parte de este pueblo y es su orgullo nacional, hasta el punto de que sus gentes llevan ropa verde-trébol en el mes de marzo como una forma de festejar el día de San Patricio, y cualquier irlandés le dirá que el trébol es una planta sin flor que solo medra en Irlanda. A lo largo de los años, el trébol ha ido ganando una enorme popularidad en las canciones, la arquitectura, la moda, las historias y los objetos ornamentales como distintivos del pueblo irlandés.
En la mañana de San Juan, las jóvenes francesas consultan el trébol para saber si podrán hacer un buen casamiento. Y tanto en Francia como en Suiza, en el Piamonte y en otros muchos lugares, se considera algo maravilloso y extraordinario –que además trae buena suerte–, encontrarse con un trébol de cuatro hojas, y más aún si el que te encuentras es uno que tiene cinco, lo cual es bastante difícil.
En los emblemas, y situado sobre un monte, el trébol significa el conocimiento de la naturaleza divina como resultado del esfuerzo en el sacrificio o en el estudio. Y en la Edad Media, el compás de tres tiempos o de ¾ se consideraba igualmente divino en este sentido. Así lo quiso emplear años más tarde el compositor Alexander Scriabin en su obra “Prometeo: el poema del Fuego”; en un mundo cada vez más dominado por la industria y el materialismo, el músico buscaba en los inicios del siglo XX una liberación del tiempo y del espacio que le permitiera a él y a los demás participar de la unidad con el cosmos, con sus ritmos ternarios y sus misterios, algo que Scriabin esperaba conseguir a través de esta obra con el “don” de Prometeo, la chispa de fuego que despertó el poder creativo consciente en el ser humano. El compositor, que desde el principio fue influenciado por las teorías de Nietzsche, se veía a sí mismo casi como un dios que, a través de su arte, no solo revela el cosmos a sus oyentes, sino que también les puede permitir el acceso a él.
El trébol no solo se halla en Irlanda, pues aparece frecuentemente en toda la Europa Occidental, aunque muchos botánicos afirman que el auténtico y original es el trébol blanco, que rara vez se ve. Las 3 hojas de la planta simbolizan el amor, la esperanza y la fe. Cuando aparece uno de 4 hojas –conocido como el trébol de la suerte–, la cuarta hoja es la que representa la buena fortuna o la gracia de Dios; es bastante raro y difícil de encontrar, puesto que se genera a consecuencia de una mutación de la planta, pero el que lo encuentra puede sentirse afortunado. Los tréboles crecen silvestres en los campos a lo largo de la primavera y el verano, y diríase que tienen un poder místico. Por servirnos de un ejemplo, cuando se aproxima una tormenta, los tréboles apuntan su cara hacia arriba como para darnos una señal de advertencia.
Los antiguos celtas pensaban que podían librarse del peligro de los malos espíritus llevando consigo un trébol que les dejaría verlos y escapar a tiempo. El número 3 era sagrado para ellos, pues veían que lo más significativo de la existencia se manifiesta en tríadas, como los dioses, y de ahí su admiración por las 3 hojas del trébol. Algunas leyendas folclóricas de estos pueblos señalan que los tréboles asistían a los niños para ver a las hadas y poder jugar con los pequeños duendecillos de sus bosques.
Créditos de las imágenes: Maria Willow
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