Simbolismo de… la pirámide

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz y M.A. Fernández

publicado el 25-11-2018

La pirámide, por la misma raíz de la palabra (del griego “pyr”, que significa “fuego”), es un símbolo del Fuego en su más alta acepción, o sea, del Espíritu, de la fuerza ígnea del Sol en lo que respecta a nuestro Sistema Solar.

Constituye el templo por excelencia, donde las formas geométricas se han adaptado en todo a los símbolos de la Naturaleza y del Hombre.

Sus cuatro caras simbolizan los Cuatro Elementos Primordiales y las Cuatro Vías para el hombre de Acceso al Conocimiento: la Religión, la Ciencia, el Arte y la Política. Su base cuadrada simboliza la Tierra, soporte sólido en donde se apoya la materia, mientras que las caras son los senderos de búsqueda que se van acercando y afinando a medida que se acercan a la cima, donde reside la Verdad Una. Lo que parecía diverso y separado en la base, es único y real en la cúspide.

El prototipo de la pirámide es la Gran Pirámide de Keops, el modelo más acabado y simbólico del templo egipcio, cuya construcción constituye todavía un misterio a pesar de los muchos estudios que se han hecho desde Herodoto hasta nuestros días. Su orientación y medidas son, según los expertos, un completo tratado de Geometría, Astronomía y Astrología, y su simbolismo engloba toda la trayectoria de la Humanidad en la búsqueda de sus orígenes y su evolución hacia la meta final.

Según Marc Saunier, la pirámide es una integración de formas diferentes, cada una con su propio sentido. La base cuadrada representa la Tierra y el eje que une el vértice con el centro del cuadrado, es el punto de partida y de llegada de todo el “centro” místico del mundo. En el exterior, lo que une el punto de la cúspide con cada lado de la base es un triángulo que simboliza el Fuego de la Manifestación Divina, del ternario de la creación.

En consecuencia, la pirámide expresa la totalidad de la obra creadora, la imagen del universo, de la manifestación de la materia cuaternaria surgiendo de la expresión ternaria de lo Uno, constituyendo el Septenario manifestado del Universo y del Hombre. Al mismo tiempo envuelve un eje central invisible que va desde la cúspide al centro de su base cuadrada, símbolo del espíritu encarnado en la materia, que es el que mantiene su forma y da sentido a su existencia.

Créditos de las imágenes: pxhere

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