El toro representa la energía sexual, es un símbolo de la potencia fecundante, de la continuidad y el mantenimiento de la vida. Simboliza por tanto la vitalidad, la fuerza y el poder generador. Está asociado por sus cuernos con la Luna y sus influjos, y también lo podemos relacionar con la figura mítica del Minotauro y las danzas taurinas de la antigua Creta; con el culto de Mitra en Roma y con el dios-toro Apis en Egipto.
En Astrología, el toro está representado en el segundo de los signos del Zodíaco, (Tauro), un signo fijo y de tierra que transcurre en pleno florecimiento de la Primavera, entre el 21 de abril y el 21 de mayo, y Venus tiene en él su “casa nocturna”. Para el horóscopo tradicional, una persona Tauro es decidida y pragmática; tiene una enorme fuerza de voluntad y un temperamento estable, y es además fiel y conservadora.
“Cabalgar al toro” o “Coger al toro por los cuernos” son dichos populares que significan saber dominar y transmutar toda la energía que representa este potente animal para solucionar un problema pendiente o saber aprovechar el beneficio espiritual que supone un conocimiento adquirido para hacer crecer nuestra alma.
En la India, el dios védico Indra es asimilado al toro como fuerza fecundadora y ardorosa, pero el toro es también emblema de Shiva, el dios que es capaz de dominar y transmutar toda esa energía arrolladora. El toro de Shiva –Nandi–, simboliza el valor de la justicia y del drama, ambos existentes en el orden cósmico. Y para los indo-arios el toro era el animal más apropiado y utilizado en sus ofrendas y sacrificios.
Entre los egipcios, la figura de Apis, el toro que lleva entre los cuernos un disco solar es, además de un símbolo de la fecundidad, una divinidad funeraria ligada a Osiris y a sus renacimientos. Sus funerales se celebraban en Menfis con gran solemnidad, trayendo dones y ofrendas de todos los lugares de Egipto. Tras su desaparición, Apis renace con otra apariencia mortal, y se lo reconoce en medio de los rebaños por la mancha negra en la frente sobre su pelaje blanco. Existen también algunas representaciones de un toro negro llevando sobre su lomo el cadáver de Osiris. Este, como dios lunar, fue también representado a veces como un toro.
En la cultura mitraica, un mito de profundo simbolismo nos cuenta la historia de la huida del toro de su cueva-establo, la captura con un lazo por parte del dios Mitra, el transporte a hombros del animal devolviéndolo a la cueva, su domesticación y el acto final de su sacrificio. El dios que domestica al toro cabalgándolo simboliza también al ser humano que vence su parte animal y la ofrece en sacrificio.
En la Península Ibérica, además de la guerra, se relacionaba al toro con la Diosa Madre en sus varios aspectos y con la naturaleza de las aguas. También aparece el toro representado en las pinturas rupestres, tanto del arte naturalista franco-cantábrico como en el arte levantino. En este último, la forma y situaciones en que el toro está representado nos indican claramente que se encuentra revestido de una cierta sacralidad. Hay que decir también que las corridas de toros, tradicionales en todo el suroeste europeo y en muchos países iberoamericanos, son una forma actualizada de los espectáculos taurinos del antiguo Mediterráneo, que terminaban siempre con el sacrificio de este fogoso animal, el que mejor representaba para ellos la indómita fuerza de la Naturaleza.
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