Una nueva filosofía ante la vida y la muerte

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 03-04-2015

Filosofía significa “amor a la sabiduría o al conocimiento”. Es una ruta iluminada por el sol de la verdad. Todo aquello que no responde a esta característica esencial no es filosofía, sino simple especulación y repeticiones alternativas de lo que otros dijeron, aprovechando las viejas enseñanzas tanto como se alimenta la cuchara y gusta de la sopa en la cual se sumerge.

Nueva Acrópolis - Vida y muerteVida y muerte son las dos caras de la Vida-Una. Quien ni siquiera se haya apercibido de esto, no se llame ligeramente “filósofo”, pues no habrá ni empezado a caminar por el sendero ascendente.

Nueva Acrópolis, más que una asociación cultural, es un movimiento filosófico que se fundó con este principal objetivo: llevar a una realidad viva el “conocerse a sí mismo”. Estos son puntos de partida; lo malo es que la mayoría de las personas se queda en ellos toda la vida y lo peor es que hasta llegan a olvidarse de algunos a medida que envejecen y se “aburguesan”.

Nueva Acrópolis propone reabrir los cauces de la filosofía clásica; la única que halló verdades luego mil veces repetidas y no cayó en cursilerías de moda ni sirvió de instrumento a la ignorancia ni a la amenaza de los brutos. Sócrates es testigo. Nuestra filosofía no es contemplativa, pseudo-orientalista, sino una manera ardiente de encarar la vida y el enigma. El ser humano debe comprometerse firmemente con su destino histórico, con sus antecesores divinos, con su momento actual, con el futuro. Debe ser como barca que con remos potentes escala la corriente de la vida, y no como amasijo de briznas y basura que es arrastrado sin libertad ni honor al lugar en que las cosas se pudren. Nuestra filosofía es una filosofía de acción en todos los planos a que puede acceder la conciencia, pero no por los frutos de esa acción sino por la acción en sí, pues nos realizamos y nos gozamos en esa acción que nos mantiene eternamente jóvenes, conscientes de nuestra inmortalidad y de nuestra alegría de vivirlas de instante en instante.

¿Que el mundo es ilusión?… Lo sabemos… Pero como también esta definición está en el mundo, será asimismo ilusoria. La llamada “ilusión” por los “orientalistas” no es más que la realidad en uno de sus tantos aspectos o facetas que colorean la luz. La hipótesis de la “ilusión” –versión muy pobre y deformada del “maya” de los antiguos indos– idiotiza a muchos que llegan a creer que en alguna parte no está Dios, por ejemplo en la ilusión. Si ello fuese cierto, la ilusión limitaría a Dios o a la realidad, cosa que es una necedad filosófica digna de quien no sabe ni manejar el más simple de los silogismos.

Observando los ciclos naturales, al ver el eterno retorno de las cosas: desde las aguas de las nubes al mar y del mar a las nubes, hasta la sucesión de días y de noches y de las estaciones del año, percibimos claramente una unidad de destino de la naturaleza y una marcha constante y segura según un plan preestablecido. Dentro de ese plan está el ser humano. Él también nace y muere… y vuelve a nacer… y vuelve a morir. Así de simple y así de cierto.

Todas las antiguas escuelas esotéricas lo afirmaron y todas las religiones lo sustentaron al principio, cuando sus fundadores irradiaban la luz de Dios sobre los hombres. Algunas conservaron a nivel popular remedos más o menos deformados de esa ancestral doctrina y otras la sepultaron en sus “libros prohibidos” y “evangelios apócrifos”… que se preocuparon de conservar en sus laberínticas bibliotecas por si el momento se volviese oportuno a la reutilización de esos argumentos “malditos”. Es que, para ganar adeptos, muchos credos utilizaron el camino de prometer mucho pidiendo muy poco… Y para esa política no convenía mantener el conocimiento popular de la reencarnación, pues ese conocimiento muestra un camino largo, tortuoso, donde impera la Ley de Causa y Efecto y donde no se pueden comprar absoluciones ni regalarlas a los personajes notables. El que se equivoca, paga su error, sea rey o mendigo. Y el primero lo pagará más caro, pues se supone que un rey tiene mejores oportunidades que un mendigo… Toda corona es de espinas…

Esta nueva filosofía liberará del miedo a la muerte a millones de personas, como ya lo ha hecho con miles, crean en lo que crean y trabajen en lo que trabajen y sean lo que fueren. Es la antigua savia de vida que vuelve a subir por el reseco árbol de la Humanidad. Y habrá flores y habrá frutos. Y habrá nidos y nuevos pájaros gorjearán en los nuevos amaneceres, pues el sol ardiente de la vida se vuelve a levantar, lenta pero inexorablemente.

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Un comentario

  1. Walter Forero dice:

    Excelente!

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