Simbolismo de… el tarot

Autor: M.A. Carrillo de Albornoz y M.A. Fernández

publicado el 25-02-2020

Los tarots son emblemas en los que se resumen una serie de conceptos. A pesar de que su origen sigue, después de muchos siglos, sin estar claro, lo que sí se conoce son los diferentes significados que se ha dado a cada una de las cartas de los 22 Arcanos Mayores. Los primeros testimonios de barajas aparecen en Europa en el siglo XIII, en la Edad Media. Ya en el siglo XIV, aparecen referencias de que los niños venecianos “aprendían las cosas de la vida” a través de lo que ellos llamaban “los tarochinos”, y todo parece demostrar que el juego de las cartas era un hábito bastante extendido en aquella época en toda Europa.

Baraja tarotCuando en el siglo XVIII aparece el famoso “Tarot de Marsella” empezamos a tener algunos elementos que nos ofrecen más datos. Esta era una baraja completa, de 78 cartas, iluminada a mano donde, al parecer, un tal Fournier inmortalizó una serie de figuras recogidas de alguna extraña tradición teórica sobre las mismas. Court de Guebelin, uno de los grandes estudiosos del tema, compara analógicamente las figuras del Tarot de Marsella con las teologías y simbolismos de las antiguas religiones y, analizando el origen de la palabra “tarot”, ofrece dos posibles acepciones: una egipcia que vendría de “Tar” y “Ro”, que significa “el camino real”, y otra meramente cabalística, en el sentido de que a través de sus claves numéricas sería un resumen de todas las cosas. Él llega a afirmar que esas colecciones de cartas que aparecieron en Europa tras el Tarot de Marsella son copias de copias del perdido libro egipcio de Hermes Thot, el más profundo y antiguo tratado esotérico que conoció la Humanidad.

Eliphas Levi, ese personaje del siglo XIX tan entrañable, profundamente cristiano, profundamente judío y profundamente pagano –porque verdaderamente lo era todo-, en 1856 se declara entusiasta del tarot y afirma que, efectivamente, es el libro atribuido a Hermes Trimegisto y que viene a ser, como tal compendio, un espejo de la naturaleza, de manera que aquél que sabe contemplarlo, escucharlo o leerlo, llega a los misterios de la sabiduría de todos los tiempos.

Así pues, por la misma naturaleza de los símbolos que aparecen en las cartas, se apunta al origen egipcio del Tarot, aunque también en la India existe un juego parecido llamado “Bodasavotara” de 120 naipes relacionados con las 12 encarnaciones de Vishnú, que aún se utiliza de la misma forma hoy día como baraja. Y se dice que los gitanos, en base a su relación racial con los egipcios y los hindúes, fueron los introductores de la baraja en Europa, aunque hay quien apunta que fueron los árabes, durante la Edad Media, en su función de puente entre Oriente y Occidente.

La función adivinatoria de los Tarots es enormemente compleja y profunda, y se ha prestado a numerosos subjetivismos o “corazonadas” de los “echadores de cartas”, que las interpretan a su manera según su propia “inspiración” del momento. Quizá la culpa de este falseamiento del sistema de conocimiento del Tarot pueda imputársele a un personaje del siglo XIX llamado Aliette, un intrigante peluquero de la aristocracia parisina muy aficionado a las llamadas “ciencias ocultas”, que se hizo con una copia del Tarot de Marsella y, cuando cada tarde terminaba sus peinados, se dedicaba a “echar las cartas”, interpretando muy arbitrariamente su simbolismo y contribuyendo a que estas grandes claves se malinterpretaran.

Quizá el significado verdadero y profundo de las cartas es probablemente el que no se sabe leer, pues desgraciadamente, el mensaje esotérico se ha perdido o no se tiene en cuenta. Y, sin embargo, es lo más importante, puesto que si el individuo quiere averiguar algo sobre sí mismo o sobre su futuro, es mucho más interesante para él que lo busque en su mundo interior y en sus vivencias profundas, que es donde precisamente el lenguaje de los Tarots se hace más elocuente.

Créditos de las imágenes: valentin_mtnezc

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