Entrevista a Jorge Ángel Livraga

Autor: Jorge Ángel Livraga

publicado el 10-10-2019

Me interesaría que usted sintetizase su pensamiento, su original pensamiento acerca de la Filosofía.

Aunque generalmente se cree que la Filosofía es una invención griega –incluso la misma palabra “Filosofía” significa en griego “amor o acercamiento a la sabiduría”–, creo que los hombres, desde el momento en que existieron, han sido siempre filósofos. Los hombres siempre han buscado una verdad profunda, las causas de todas las cosas. Así que, resumiendo, por Filosofía entiendo la actitud natural del hombre en la búsqueda de los elementos fundamentales que son imprescindibles para su subsistencia como ser humano, como ente pensante y como criatura partícipe del universo.

Filosofía griega

¿Se podrían incluir en esta actitud varios campos de la actividad humana, y no tan sólo lo que hoy en día se comprende como actividad filosófica, es decir, que un científico o un artista podrían llegar a ser filósofos?

Claro. En la época de la Filosofía clásica griega, por Filosofía se entendía todo acercamiento a la verdad, ya sea a través del camino del arte, de la ciencia, de la política, de la literatura.

En cambio, después de Descartes, ha habido una diferenciación de las distintas especialidades. En el momento actual –cuando digo “actual” no quiero decir este año, sino este y otros siglos que le han precedido–, el hombre ha propiciado la desintegración de su propia cultura. La cultura, en su afán de lograr especialidades, ha separado a los hombres en tribus de médicos, poetas, literatos, filósofos propiamente dichos…

 

Pienso que su pensamiento filosófico debe tener alguna base, algún fundamento en otras fuentes de la Filosofía que no sean sólo las clásicas.

La Filosofía clásica es para mí la fuente.

Creo que los filósofos posteriores no han hecho más que retomar viejos caminos y volver a andarlos otra vez. No niego el mérito de aquellos pensadores que en todas las épocas han encontrado estas problemáticas; pero yo creo que no hay nada nuevo bajo el sol. Desde mi posición filosófica, es una búsqueda de las fuentes.

Creo que de tanto chapotear en las márgenes de la Filosofía, hemos ennegrecido las aguas, y tenemos que buscar en los lugares profundos de la Historia, en lugares alejados, las raíces de la Filosofía. Esas raíces podemos encontrarlas ya sea en los viejos textos de Extremo Oriente, o en los textos clásicos de Occidente.

 

Hoy en día circula la idea del filósofo como una personalidad aislada de las realidades. Me interesaría que me diese usted, como filósofo, la visión que tiene del medio que nos rodea.

Yo no creo que el filósofo tenga que aislarse de las realidades, dado que si busca una Realidad Primera, lo primero que tendrá que hacer es ponerse en contacto con las realidades que están a su alcance. Yo no pienso que el filósofo tenga que aislarse del mundo. Creo que tiene un compromiso con la Historia y con su propio momento, el que está viviendo.

Para nosotros, Platón, por ejemplo, es una figura clásica y, en cierta forma, abstracta; sin embargo, Platón, Aristóteles o Séneca han vivido en su propio siglo y, si bien fueron excepciones dentro de ese siglo, también supieron interpretarlo. Entonces, creo que un filósofo en la actualidad no debe alejarse totalmente del mundo circundante, porque tiene que tratar de interpretarlo: no interpretarlo para justificarlo, sino para mejorarlo. Creo que el presente es algo así como el eslabón de una inmensa cadena que nace del pasado y que va hacia el futuro, o sea, que el filósofo debe ante todo tratar de asirse a esa cadena de continuidad más que al punto mismo que le toca vivir. Pero cuando digo “más que al punto mismo que le toca vivir” no quiero decir que desprecie el momento que le toca vivir. Creo que el filósofo debe estar en relación con todos los problemas espirituales y los problemas más materiales, económicos, sociales, políticos, etc.

 

La visión que usted brinda es un poco romántica. ¿Puede llevarse a la práctica el pensamiento que usted indica? Es decir, usted que ha viajado y que sigue viajando actualmente, ¿cree que en algún lugar del mundo se lleva a la práctica este pensamiento?

Evidentemente. Nosotros hemos fundado una organización internacional llamada Nueva Acrópolis donde se está llevando a la práctica ese pensamiento, como experimento, dado que no somos muchos. Hace menos de veinte años que se fundó este movimiento que nació aquí mismo, en la ciudad de Buenos Aires, que hoy está en once países y que dentro de poco va a estar en muchos más y que favorece ya a miles de jóvenes. Verdaderamente creo que se puede llevar a la práctica.

Además, el mundo en el cual hemos creído hasta ahora se está resquebrajando, carece de valores morales, la gente está muy desconcertada, la juventud ha sido llevada a la lucha generacional, se ha inventado una lucha de clases, se han opuesto partidos políticos. Estimo que Acrópolis, como movimiento unificador y de fraternidad entre los jóvenes, puede propiciar un mundo nuevo y mejor, a la luz de una Filosofía integral; no una Filosofía que trate de analizar las cosas, sino una Filosofía que trate de sintetizar los valores para permitir el mejoramiento del ser humano.

 

Profesor, ¿cómo nació el movimiento? Sabemos que en Argentina, pero, ¿de qué manera nació y cómo fue tomando forma posteriormente?

Creo que Nueva Acrópolis era una necesidad que estaba latente en muchas personas que cursábamos hace veinte años en la universidad, aquí en Buenos Aires. Quise paliar esa necesidad al darme cuenta de que en las universidades se nos daba información, pero no formación; que se comentaban los textos clásicos, pero siempre bajo una óptica demasiado parcial; que se ignoraba la Filosofía oriental, que se relegaba a algunas personas que no tenían nivel universitario. Se pensaba que la Historia era algo como un peso que había que olvidar pronto; nosotros pensamos que la Historia es el pedestal de la estatua que es el futuro.

De ahí, entonces, que algunos estudiantes empezáramos a plantearnos –éramos muy jóvenes– formar Nueva Acrópolis. Editamos una revista, poco a poco se fueron reuniendo personas, fuimos haciendo un programa metódico de estudios. Luego pasamos a distintos países e iniciamos una serie de viajes por todo el mundo que nos permitiesen recabar textos, recabar conocimientos, tomar contacto con los principales centros intelectuales. Se viajó por Oriente, por la India, por casi todo el Extremo Oriente en la búsqueda y en el encuentro de esos textos antiguos y sagrados, y su traducción y adaptación para los jóvenes de Nueva Acrópolis. Yo, por mi parte, me he dedicado a recorrer Europa, a rescatar las tradiciones medievales que señalan, por ejemplo, la importancia del honor de la dama y del caballero, porque creemos que en este mundo de disolución, en este mundo de violencia es necesaria de nuevo la formación de la juventud y luego, evidentemente, de toda la Humanidad, para que posea normas morales y traspase el umbral de la violencia.

 

¿De alguna manera este movimiento propone una forma de vida completa para quienes se integran?

Este movimiento respeta a cada uno de los seres humanos, porque uno de los defectos que tienen los pensadores, en Occidente sobre todo, es querer demarcar fórmulas rígidas de vida. Estamos tan acostumbrados a clasificarlo todo, como si fuéramos frascos de una botica, que también queremos a veces clasificar a los hombres y sus actitudes en cuanto a forma de vida.

Lo que proponemos, en líneas generales, es una búsqueda de los valores permanentes, de las cosas importantes, una prioridad de la voluntad sobre la debilidad, del trabajo sobre la inercia, de la responsabilidad sobre el anonimato; estas serían proposiciones generales.

 

En el campo de la ciencia, ¿cómo podríamos aplicarla o interpretarla a través del ideal acropolitano?

Sabemos que la ciencia se basa en una serie de experimentaciones, que trata de poner al descubierto leyes generales que rigen la materia. Ahora bien, esta búsqueda se da generalmente bajo la pregunta: ¿cómo sucede x? Nosotros proponemos, además, la pregunta: ¿por qué sucede x?

No basta con el conocimiento y clasificación, por ejemplo, de determinados seres vivos o de los tejidos que conforman determinado órgano, sino que hace falta también preguntarse: ¿para qué?, ¿por qué?, ¿cuál es la necesidad cósmica de la organización biológica de los seres?, ¿y de su existencia misma? Aquí es donde la Filosofía se imbrica con la ciencia. La ciencia sería un instrumento más en la búsqueda del conocimiento.

Nosotros creemos que la ciencia debe asumir una faz positiva; todos sabemos que hoy los gastos en armas y en propaganda bélica son muy superiores a los que se emplean en buscar remedio para las enfermedades, males sociales y otros. Creemos que si el científico estuviese iluminado por una Filosofía transcendente, trataría de inclinar la balanza y poner más energía en intentar mejorar la Humanidad.

 

¿Y en el campo de las artes, profesor?

En el campo de las artes pasaría algo semejante. Es evidente que en la actualidad se entiende por arte –ya sean las artes plásticas, la música o las llamadas bellas artes–, la expresión de lo que siente el hombre. Ahora bien, como no siempre lo que siente el hombre es correcto y auténtico –porque evidentemente los hombres sentimos muchas cosas en distintos momentos de la vida y en los distintos momentos de un mismo día–, haría falta retornar a los cánones de una ciencia y un arte que permita imbricarnos en la Filosofía. El arte, propiamente dicho, necesita volver otra vez a los carriles eternos de los cuales no han salido el arte chino ni el arte japonés.

Hay que darle importancia a la técnica como expresión de un arte, y a la finalidad del arte, una finalidad filosófica o religiosa, o bien, una moral del arte; no pintar porque uno quiere pintar, sino porque siente la necesidad espiritual de hacerlo; y pintar algo que tenga un mensaje, que pueda ser entendido, porque a veces pasa en las artes plásticas que sólo un pequeño grupo de iniciados pueden interpretarlas, o que simplemente la gente se dedica a analizarlas y así nacen una serie de apreciaciones. Para eso no hace falta el arte, para eso simplemente la contemplación de la Naturaleza puede inspirar al hombre cosas mucho más bellas que la de esos elementos pseudoartísticos.

 

Profesor Livraga, en materia pedagógica, ¿se propone Nueva Acrópolis una vía concreta, sistemas nuevos para plasmar su ideal?

Sí, evidentemente. Ahora bien, antes que sistemas, lo que proponemos es una educación para los hombres y las mujeres. Es inútil cambiar las estructuras políticas, sociales y económicas si la gente no está educada.

Hace falta una nueva educación, una educación basada en la moral, no simplemente en lo intelectual. Nuestra educación propone tomar como base, como guía, como estrellas, a las grandes figuras de la Humanidad. Nosotros no podemos alabar a los que hacen culto a la violencia.

En algunos de los países que he recorrido hay un curso pedagógico en el cual se alaban ciertas revoluciones, y a una serie de revolucionarios y personas que han vivido a tiros durante toda la vida. Evidentemente, si nosotros recreamos constantemente en la juventud el culto a la violencia, el culto al bandido –que parece más o menos romántico y agradable porque se le ve en una pantalla de televisión–, el rapto de las criaturas o de las mujeres, la violación de los principios de la ética y del derecho, no vamos a construir, de ninguna manera, un mundo que sea mejor; vamos a caer de nuevo en la “ley de la selva”, en donde cada cual tendrá que llevar armas para defenderse. Esto llevaría a una nueva edad media, posibilidad que habría que contemplar.

 

Profesor Livraga, lo que usted nos comenta nos parece sumamente interesante, pero yo quisiera hacerle una pregunta: ¿ustedes tienen alguna forma política con la que estén relacionados o alguna forma religiosa bajo la cual estén amparados?

En absoluto. Nosotros no exigimos nada a nuestros integrantes; sí les facilitamos el acceso a un sentido místico de conciencia natural del hombre. Yo creo que lo que diferencia a un hombre de un animal no es que no tenga rabo; no es tampoco que tenga ciertos pensamientos, pues se ha descubierto que los delfines tienen pensamientos y pueden hablar y expresarse. Lo que diferencia al hombre del animal es la mística, la creencia en algo superior. Pero esa creencia en algo superior no la ponemos en una u otra religión; creemos que todas las religiones son formas válidas de acceso a una verdad mística. Para algunos hombres la religión cristiana será más válida que la budista, para otros la budista más que la brahmánica, para otros la hebrea más que la musulmana… Estos son simples ejemplos y no quiero decir que una valga más que la otra; quiero decir que para diferentes hombres son diferentes los caminos, y tal vez a alguno no le guste ninguna religión en sí, sino una combinación de todas las religiones. Para eso proponemos un estudio comparativo de las religiones, para que cada cual pueda conocer a fondo las distintas formas religiosas; lo único que buscamos es el despertar de una cierta raíz mística.

En cuanto a la Política, creo que no hace falta ser un gran filósofo –yo soy un filósofo muy pequeño– para darse cuenta de que ninguna de las formas políticas propuestas en los últimos años sirve para nada. Vemos que los pueblos están sumidos en el desabastecimiento, que hay más analfabetos que nunca, que 1.500 millones de personas están deficientemente alimentadas, ya sea en unas áreas llamadas capitalistas, comunistas o tercermundistas… En fin, que han fracasado todos.

Pienso que tenemos que empezar de nuevo a crear una Política que no esté basada en la opinión ni en los instintos, sino en la ciencia, en la razón y en la generosidad. Platón, hace mucho tiempo, propuso en La República una forma que, tal vez adaptada, podría ser útil en nuestro tiempo.

 

¿Podría citarnos usted, primero, cuál es la forma política que propuso Platón? Y segundo: dentro del transcurso histórico, ¿existió alguna forma de gobierno que se le haya acercado?

Lo que propuso Platón no es nada nuevo ni tampoco viejo, es algo de todos los tiempos. Si me permiten voy a dar un ejemplo y así nos entenderemos mejor: es obvio que para ser director de un hospital hace falta ser médico, hace falta estudiar Medicina, y para estudiar Medicina hace falta haber aprobado una serie de estudios primarios y secundarios. Pero no hay estudios tan específicos para ejercer como político o ser presidente de una nación.

Es obvio, entonces, que necesitamos una universidad de Ciencias Políticas donde los más destacados sean los únicos que estén capacitados para conducir a un pueblo. No se puede improvisar un presidente, alguien que dirija un pueblo, como no se puede improvisar un médico, ni se puede improvisar un abogado.

Lo que proponía Platón era precisamente esto, lo que él llamaba aristocracia filosófica: a través de una serie de sistemas que hoy llamaríamos ecológicos o selectivos, se llegaba a un número muy pequeño, muy reducido de personas, que eran los encargados de conducir el Estado; es una forma monárquico-aristocrática, por llamarla así, pero no hereditaria, sino basada en las capacidades de la persona para poder ejercer esta alta magistratura que es la Política. Y, como el mismo Aristóteles diría, es la más importante, la más difícil de todas las ciencias.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta: ¿existen en el devenir histórico antecedentes de algún pueblo que haya poseído algún sistema de gobierno que se acerque al que propuso Platón?

Es muy difícil poder conocer eso, porque de la Historia de la Humanidad nosotros conocemos el último día y lo conocemos mal. Sí sabemos que ha habido pueblos que lograron una cierta estabilidad política, como los egipcios, que duraron miles de años. Yo sé que las personas que escuchan esto se dicen: “¡Pero en Egipto había esclavitud!”. No obstante yo pienso que si hoy nos quedásemos sin máquinas, también habría esclavitud. Aquellos no eran esclavos como los que aparecen en las películas, que trabajaban a latigazos; eso es más bien una versión romántica del siglo XIX. Hoy se sabe que las antiguas construcciones de Egipto no fueron hechas por esclavos. Yo creo, más bien, que las grandes obras egipcias fueron hechas en base a una fe religiosa, así como las grandes catedrales; así que esto de la esclavitud es bastante relativo.

Ha habido otros pueblos, por ejemplo el mismo Imperio Romano, que a pesar de todos sus defectos y de todas sus improvisaciones, supo plasmar la cultura griega; si no fuese por el “puente” del Imperio Romano, nosotros hoy careceríamos de todos los elementos de la cultura griega. También hay cosas buenas en Oriente, pero no vamos a referirnos a todo ello ahora.

 

Profesor, dado que Platón propone una forma de gobierno como la aristocracia, quisiera que nos diera su opinión con respecto a los cambios que se fueron dando en el transcurso de la Historia sobre la interpretación del mismo término aristocracia.

Sería imposible dar todas las interpretaciones. Pero es evidente que en la actualidad las doctrinas socio-económicas han confundido aristocracia con oligarquía. “Aristocracia” significa el gobierno de los mejores, mas hoy se entiende por aristocracia a la gente muy rica, que tiene muchos bienes materiales, que viste de determinada manera o que tiene determinados modales en su trato para con la gente. No es eso a lo que nos referimos, sino a una aristocracia espiritual. Ahora bien, esta aristocracia espiritual está también revestida de buenas maneras, de principios morales, de una belleza que nos permite convivir en un mundo mejor, más limpio, más descontaminado; eso es aristocracia; pero no identificamos aristocracia con los sistemas burocráticos en los que manda el dinero.

 

Continuamos hablando de Nueva Acrópolis. ¿Cuál es la forma de sustento económico? En un mundo como el nuestro, y especialmente en nuestro país, mantener una institución debe de ser bastante problemático…

Nueva Acrópolis no tiene fin de lucro y se fundamenta sobre todo en gente de buena voluntad. Eso abarata mucho su mantenimiento; la verdad es que nuestros gastos son simplemente para aquellas cosas imprescindibles como el alquiler o la compra de locales, el material de imprenta, de bibliotecas, etc. Pero nuestros profesores enseñan gratuitamente, y todos los que estamos colaborando en esta obra tenemos otros medios de vida que nos permiten no “pesar” sobre Nueva Acrópolis. Así, pues, es mucho menor la cantidad de dinero necesaria para mantener una organización tan grande como la nuestra de lo que podría parecer desde fuera. El sustento se logra simplemente por la donación voluntaria de los alumnos y de todas aquellas personas que coinciden con el ideal de Nueva Acrópolis. Y no siempre es el dinero, muchas veces son regalos como aparatos para proyectar diapositivas, máquinas de escribir, mesas… Esto no es un negocio.

 

Profesor, ¿qué es la libertad?

Creo que la libertad es un medio, no un fin. La libertad es buena o mala según para lo que se utilice. La libertad es como un cuchillo. Un cuchillo en manos de un criminal es malo; un cuchillo en manos de un médico es un elemento decisivo para el enfermo. Si la libertad está en manos de los hombres sabios, será para bien del pueblo; si la libertad está en manos de hombres ignorantes, de hombres que están comidos por sus pasiones o por sus ambiciones egoístas, la libertad no pasa de ser un elemento más para justificar el robo, el asesinato o la opresión de los más débiles.

 

¿Usted cree que la Humanidad tiene vocación de sabiduría como medio para llegar a la libertad?

Yo creo que sí. Pienso que la Humanidad es naturalmente filósofa, tiene vocación por la sabiduría. Ahora bien, cuando hablamos de libertad tendríamos que preguntarnos: ¿libertad de qué?, ¿libertad para qué? Libertad es un término que implica la liberación de algo. Si yo me libero de mis virtudes, mi libertad es mala; si yo me libero de mis defectos, mi libertad es buena. Entonces, la libertad no es mala ni buena. Claro, hoy la libertad es una de tantas palabras muletillas que toda la gente utiliza; todo el mundo habla de libertad, pero hay que reflexionar un poco: ¿libertad de qué?, ¿libertad para qué?, ¿libertad en manos de quién?

También, tan positiva como la libertad puede llegar a ser la obediencia, y estamos en el mismo caso: si por ejemplo obedecemos a un hombre malo, si obedecemos a un tirano, nos hacemos instrumentos de su maldad; si, en cambio, obedecemos a un hombre bueno, si obedecemos a una sabiduría o a una moral profunda, estamos siendo instrumentos de bondad. Entonces, la libertad y la obediencia no serían antitéticas, sino complementarias.

El hombre que es verdaderamente filósofo, tiene en sí la libertad y la obediencia hermanadas como dos expresiones de una misma realidad y de una misma búsqueda.

 

El hombre en sí, ¿tiene conciencia de lo que es bueno y de lo que no lo es?

En líneas generales, el hombre no tiene conciencia de lo bueno y de lo malo, porque hay unas costumbres, y “costumbre” viene de «mores», “usos cotidianos”, por lo que lo bueno hoy, tal vez no lo era hace cien años.

El hombre debe ser educado –de ahí la importancia de la educación– y deben emplearse los medios de publicidad para educar al hombre, no para corromperlo. El hombre tendría –muchos hombres y no todos– una tendencia verdaderamente a “flor de piel” hacia la bondad; pero si desde pequeño se le inculca el culto a la violencia, a la explotación, a sobrevivir no importa cómo, se va internalizando su sentido del bien y del mal hasta que por fin queda sordo a las voces de su propia alma y se convierte en un ser egoísta que sobrevive de cualquier forma, sin importarle el daño que hace a los demás. Creemos que lo fundamental es una nueva educación y tener medios para difundir los elementos más positivos que podamos expresar.

 

Profesor Livraga, cambiando de tema, ¿Nueva Acrópolis tiene algún tipo de fines escritos que usted me pueda mencionar?

Sí. Tiene tres principios fundamentales que podríamos resumir de la siguiente manera.

Nueva Acrópolis se propone constituir un núcleo de hombres y mujeres con un sentido fraternal de la vida; hombres y mujeres que no se sientan separados por el color de su piel, ni por las creencias que puedan haber tenido sus padres o las que tengan ellos mismos; hombres y mujeres que se basen más en lo que nos une que en lo que nos separa.

Nueva Acrópolis propone un estudio comparativo de las ciencias, de las artes, de las formas políticas, en fin, de todas aquellas actitudes que han servido a la cultura humana; porque solamente así es como el hombre puede conocer y elegir. Además, con eso también se barren muchas malas interpretaciones, porque el que ha leído un solo libro religioso, desprecia los otros simplemente porque no los conoce; si los conociese vería que contienen más o menos la misma verdad, el mismo mensaje, con distintas carátulas de distintos momentos históricos o diferentes lugares geográficos.

Nueva Acrópolis propone el estudio de la Naturaleza en general y de todo aquello que no ha sido comúnmente investigado, y del hombre mismo en cuanto a su parte profunda, lo psicológico, lo mental, lo sentimental, lo evolutivo. Solamente conociéndose mejor a sí mismo el hombre va a poder conducirse mejor a sí mismo.

 

¿Teme a la muerte, señor Livraga?

 

No, más bien le temo a la vida, porque es la vida la que corrompe, no la muerte. La muerte y la vida no son más que dos caras de una misma realidad.

Evidentemente, aquellos que tenemos un cuerpo, pensamos que cuando este cae, cesamos de ser. Pero es obvio que en la Naturaleza todo se transforma; si la energía y la materia son dos formas de una misma realidad, el hombre, ya tenga un cuerpo físico o no, sigue existiendo. De ahí, entonces, que no le tema a la muerte; y si digo que le temo a la vida es simplemente por un poco de buen humor, por cuanto la vida siempre nos propone desviaciones, nos propone tentaciones que el filósofo, evidentemente, debe estar preparado para superar.

Con buena voluntad no nos es demasiado difícil poder pasar a través de la vida de una manera digna y noble. No veo diferencia entre la vida y la muerte. Platón, precisamente, decía que los muertos nacen de los vivos tal como los vivos nacen de los muertos.

 

Prescindiendo del tiempo y del espacio, ¿con qué personaje de la historia del pensamiento le gustaría encontrarse en este momento? ¿Y qué haría con él?

Ése es un grave problema, porque a mí me gustaría, por ejemplo, encontrarme con Buda, con Jesús, con Sócrates, con Séneca, pero habría que ver si ellos quieren encontrarse conmigo. A veces pensamos que sería bueno haber conocido a determinado personaje histórico, pero hay que ver si estamos a la altura de poder comprenderlo, porque si no, le seríamos molestos, incluso estando junto a él. Podemos pensar, ¡qué bueno haber sido uno de los discípulos de Jesús! Pero hubiéramos sido una molestia, una traba. Creo que para ser discípulo de Jesús hay que parecerse a Jesús, y a nosotros todavía nos falta bastante para parecernos a una encarnación tan divina como la de ese Maestro.

 

Profesor Livraga, volviendo sobre el tema de Nueva Acrópolis me queda aún una pregunta interesante. ¿Qué actividad próxima, futura, está por desarrollar Nueva Acrópolis? ¿Qué es lo que está haciendo y qué lo que prevé hacer en el futuro?

Bueno, algo de esto ya os he dicho. Vamos a abrir nuestra institución en más países. Está previsto publicar una mayor cantidad de libros de los que venimos publicando hasta ahora, mantener el ritmo de nuestras investigaciones desarrollándolas bajo formas de institutos de ciencias, de arte, de ciencias políticas, de Filosofía; la apertura hacia una cantidad de jóvenes que están buscando estudiar en paz, porque el problema es que a veces las universidades están tan politizadas que es muy difícil estudiar en ellas. Nosotros proponemos una forma de universidad, de casa de estudios en la que no exista ni violencia, ni política, ni presión religiosa, donde todos puedan estudiar con las mismas posibilidades y donde no exista tampoco una explotación económica, es decir, que la pedagogía, la enseñanza, el estudio no sean un negocio. Así que nuestros planes son llegar a más países y profundizar en todas aquellas cosas que estamos haciendo.

 

En lo religioso, Profesor, ¿existe algún plan concreto?

Nosotros no somos una institución religiosa; nosotros estudiamos las religiones para poder comprenderlas mejor, y tratamos de desarrollar en todos nuestros componentes una mística que cada cual canalice hacia la forma religiosa que prefiera.

 

Profesor, ¿qué requisitos necesita una persona para ingresar en Nueva Acrópolis, qué condición?

En Nueva Acrópolis hay distintos sectores o secciones escalonados; pero para entrar en Nueva Acrópolis, en general –que creo que es el espíritu de su pregunta–, no hace falta ningún requisito. Con tal de saber leer y escribir y tener una buena predisposición, ser un filósofo más o menos nato con interés por las cosas profundas, basta para poder ponerse en contacto con Nueva Acrópolis.

 

Para finalizar, Profesor, quisiéramos que improvise un mensaje para todo el auditorio que en este momento está asistiendo a esta entrevista.

La verdad es que no lo voy a improvisar, sino que voy a preferir una de las frases que siempre repito: lo que debemos buscar no es solamente un mundo nuevo, sino mejor.

Yo creo que la novedad por la novedad en sí misma no tiene valor; la novedad tiene valor en cuanto nos lleve al bien, a la virtud y a la eficacia.

 

 

Entrevista realizada en Argentina en 1975.

Créditos de las imágenes: Clark Van Der Beken

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