Veamos primeramente qué entendemos por esoterismo, por evolución, y cómo podemos relacionarlos. La palabra “esoterismo”, como todos sabéis, significa lo interior, así como lo exotérico es lo exterior. No confundamos el esoterismo con determinadas prácticas de tantra-yoga, de espiritismo o de satanismo. Esoterismo es lo que está dentro de las cosas, la esencia, lo que no está ante la vista, pero sin embargo es fundamental, aquello que es medular en todas las cosas, en todos los hechos, en todos los seres.
Lo esotérico de esta casa en la que nos encontramos son sus vigas, su armazón interior, que contienen el conjunto, pero que no vemos. Lo exotérico, en cambio, sería el revestimiento de yeso de las paredes, la forma de las puertas, etc. Lo esotérico es lo escondido, lo que sostiene todas las cosas.
Así, en el universo y en el hombre hay una parte esotérica y otra exotérica. En el universo hay una serie de objetos que se mueven, llámense estrellas, soles, etc. Más allá de todo esto habría una causa, un porqué; más allá incluso de las leyes físicas, como la de la gravitación, etc. Eso es lo esotérico: por qué el mundo se mueve, por qué gira la Tierra, por qué brillan las estrellas.
Cuando en nuestra repetición formal encendemos un televisor, o cuando venimos a una conferencia, o abrimos un periódico, hay una actitud externa que se resume en el hecho de desplazar nuestro cuerpo, de abrir nuestras manos, de mover un botón, de ver con nuestros ojos físicos una pantalla. Y hay una actitud de búsqueda de la verdad. Cuando abrimos un periódico por la mañana, aunque tal vez no nos demos cuenta, no estamos buscando si ha habido algún atentado terrorista; lo que buscamos en última instancia es la verdad a través de un periódico, de un libro, de una conferencia, de un paseo, de una reflexión.
Ese conjunto de actitudes interiores que justifican las exteriores son los motores ocultos de nuestros actos externos, la parte oculta del ser humano en el verdadero sentido de la palabra. Porque lo oculto no es aquello que escondemos bajo un paño oscuro para que nadie lo vea. Esa es la magia fácil de los que sacan una paloma o un conejo de una chistera. Lo verdaderamente oculto es lo que está naturalmente inserto en la Naturaleza, como están insertos, por ejemplo, los huesos de mi brazo, que no están ocultos por una suerte de figura teatral, sino porque es la única manera en que pueden funcionar de forma eficiente, sostener la parte visible y convertirla en un instrumento útil.
Así, lo esotérico es aquella parte oculta y útil que se esconde a nuestros ojos, pero que podemos percibir por medio de la razón, la experiencia y la intuición. Aparentemente, es muy fácil definir la evolución, y digo aparentemente porque nos han hecho creer que es un proceso por el cual algo que está en principio mal hecho, se va perfeccionando poco a poco por medio de la práctica. Así, nos muestran antiquísimas formas animales prehistóricas que se fueron perfeccionando simplemente porque tenían que comer los frutos de los árboles o las raíces de la tierra, o tenían que escapar de determinados depredadores, y así se fueron transformando. Y en medio de estos monstruos prehistóricos, hubo una suerte de “homínido”, una especie de mono al que un buen día se le ocurrió, en lugar de hacer las cosas propias de un animal, “pensar” cómo podría hacerlo mejor. Después, según nos cuentan muchas enciclopedias, de golpe un día le comenzó a crecer el cráneo, y como le gustaban los frutos de los árboles, se irguió y comenzó a caminar sobre sus dos pies. Poco a poco –incluso en poco tiempo, según los evolucionistas– esa especie de homínido se convirtió en “Homo sapiens”, ese amago de hombre que partía piedras, desde la época que podríamos llamar lítica, anterior al Paleolítico formativo, y de golpe hizo las pirámides de Egipto, creó el arte cretense y el órgano hidráulico de Chavín…
Esta teoría de la evolución lineal ha sido desmentida no solo por la teoría y la práctica, sino también llanamente por los hechos. Se nos enseñaba que se podía encontrar una verdadera “torre arqueológica” de restos y útiles. Es decir, que si hallábamos material férrico en un estrato, más abajo encontraremos forzosamente material de bronce; más abajo aún, material de piedra bien tallada, en el neolítico, o calcolítico si la piedra estaba trabajada con el cobre. En el estrato mesolítico aparecería el hueso tallado, y en el inferior, el paleolítico, piedra partida y sin tallar o apenas tallada.
Esta visión idílica y simplista del mundo que se enseñaba el siglo pasado simplemente no es correcta. Muchas veces debajo de las piedras talladas se encuentran otra vez piezas metálicas. O sea, que la evolución no es lineal, como afirmaban los darwinistas, sino que es más parecida a una danza, donde vamos hacia delante y luego hacia atrás sucesivamente, y con una serie de desviaciones laterales.
No es tan fácil marcar la evolución. En lugares que hoy tan solo son desiertos, como por ejemplo Nazca, donde tan solo el viento levanta el polvo de la arena, se encuentran restos de cerámicas y de piedra que demuestran que allí existió una enorme civilización. Las naves de investigación americanas han realizado fotografías con infrarrojos de una parte del desierto egipcio cercano al mar Rojo y han registrado una enorme carretera de piedra que está muchos metros por debajo de la arena del desierto. Nadie sabe cómo ni quién la hizo[1].
En la isla de Pascua se han encontrado carreteras que bajan y continúan bajo el mar. Parece ser que la isla estaba conectada con otras islas y otros territorios, y que hubo allí una importante civilización[2].
Así, no podemos decir que la evolución sea lineal, sino interior, como nosotros mismos. ¿Acaso nosotros nos sentimos todos los días cada vez mejor, o cada vez peor?
Así es la Naturaleza, y así es la Historia, como somos nosotros: cambiantes, misteriosos, informales, algo que no puede meterse en una caja y etiquetarse. Sabemos que dos más dos son cuatro, pero ¿cuatro qué? Dos manzanas más dos besos, ¿qué son? No solamente hay que considerar la cantidad, sino también la calidad, y una cierta sensibilidad interior que vamos desarrollando. Es esa sensibilidad esotérica precisamente; aquella que no se ve, la que nos permite entender e interpretar la vida de manera correcta y no simplemente verla tal cual están pintadas las figuras de la vida en un simple libro.
La evolución no es algo fácil de definir, pero sería más bien la forma en que el ser interior se adapta, crece, renace frente a circunstancias diarias, de cada momento, de cada año, de cada tiempo.
Lejanos quedan los tiempos en que creíamos que los griegos o los egipcios vivían sumergidos en la oscuridad, en el oscurantismo, en la esclavitud. Ellos tenían simplemente otra forma de vida, diferente de la nuestra, pero equivalente en cuanto a la aportación de felicidad para el ser humano. A través de las páginas de Platón, de Heráclito, de Pausanias o de Tito Livio podemos descubrir una forma de pensamiento, un concepto de la vida y una forma de encarar la Naturaleza y los Misterios que hacían a esos hombres tan felices o tan infelices como somos nosotros. Por el simple hecho de carecer de medios mecánicos no tenían por qué sentirse infelices.
Nuestros abuelos no conocían la televisión. Los hombres jugaban a las cartas, charlaban, se fumaban un puro, tomaban café, escribían, jugaban al mus. Las mujeres conversaban, cosían, jugaban con los nietos, pero ni unos ni otras se aburrían, ni eran infelices por no tener televisión. Tal vez incluso, sospecho –perdón por mis palabras– que eran más felices que nosotros; tal vez tenían más y conocían más la intimidad del alma. Tal vez sabían morir y enfrentar la vida de una manera más natural, espontánea y clara de lo que lo hacemos nosotros.
Ya hemos definido lo que es esoterismo y lo que es evolución. ¿Qué relación tienen entonces estos dos conceptos, y por qué llamamos al esoterismo el alfa y el omega de la evolución? Por dos razones: una histórica y otra psicológica y humana. Si buceamos en la Historia y tratamos de entenderla de la mejor manera posible, veremos que en todos los pueblos de la Antigüedad las manifestaciones esotéricas son las primeras y primordiales. Aun el hombre de la Edad de Piedra, aparentemente primitivo, que vive en una cueva y se cubre con pieles de animales, cree en algo, tiene su túmulo religioso y sus amuletos mágicos. Cree tal vez en la reencarnación o en la existencia de los muertos, o en los fantasmas. Cree, en definitiva, en cosas invisibles que le afectan, aunque no las ve.
Algunos, incluso, llegaron a practicar algunos fenómenos parapsicológicos, como la hipnosis, que nuestra civilización está redescubriendo ahora. Ese hombre, mediante la hipnosis, ayudaba a dormir a los que no podían hacerlo, a tener hijos a las mujeres y a realizar verdaderos prodigios. De alguna manera intuye aquello que dijeron los romanos: “per aspera ad astra”, o sea, por lo áspero (llegaremos) a los astros. Y así, no busca una gran caverna para pintar y decorar, sino que desde una pequeña altura (los que habéis visitado las cuevas de Altamira sabéis que se agrandaron las salas posteriormente, pero originalmente apenas había medio metro desde el suelo al techo) representan las pinturas, arrastrándose por el suelo para realizarlas.
No era arte decorativo, no trataban de ilustrar nada, porque en ese caso lo hubieran pintado en una pared accesible y a la vista de todos. Esos hombres se ocultaban y escondían para pintar algo que solo ellos y sus propios ojos viesen o intuyesen: lo invisible, lo mágico.
La parte esotérica existe desde que existe el hombre; y no es de ninguna forma una racionalización del entorno, sino que surge del hombre en sí mismo. El hombre entiende y siente que dentro de sí tiene algo inexplicado e inexplicable. Siente que el universo también tiene algo inexplicado e inexplicable, y trata de unir el Misterio de sí mismo con el Misterio de la Naturaleza. Y así, traza figuras mágicas y esotéricas, figuras que todavía hoy reproducimos.
Hay algo que el hombre trata de manifestar, y así nacen las culturas de las cuevas y de las manos pintadas, alguna de ellas con mutilaciones simbólicas. Yo uso un anillo etrusco del siglo VII a. C. que de alguna manera es una mutilación de mi mano y de mi dedo; en él hay un elemento artificial, un elemento con raíces esotéricas o mágicas.
Así, yo, hombre del siglo XX con algunos títulos sobre mis hombros, sigo haciendo lo mismo que aquel hombre primitivo que no sabía leer ni escribir, que podía expresarse con pocos sonidos, pero que ponía su mano de tal manera y suerte que la representaba de una forma especial, con ciertas mutilaciones o ciertos cambios. Así aparecen entonces las culturas de las manos rojas y negras en distintas cuevas y distintos lugares.
Toda la Historia está bañada de esoterismo. Egipto, por ejemplo, ¿no está acaso impregnado por todo aquello que solamente después de larga reflexión podemos descubrir, elementos que tan solo aquellos que son iniciados en sus misterios pueden conocer correctamente?
En un museo de piezas egipcias observé un día un escarabajo con una lupa para ver la inscripción que allí aparece aumentada de tamaño (de otra forma no se podía ver). Se refería a siete planos de actuación, y parecía proteger contra las serpientes físicas y contra las del mundo astral. Todas estas piezas de la Antigüedad están impregnadas por una necesidad metafísica, y llevan forzosamente a lo esotérico.
Hasta aquí el alfa, el comienzo; el hombre comenzó siendo metafísico, esotérico. Lleva en sí las semillas de aquello divino que alguna vez le bañó. ¿Qué es anterior, la Astronomía o la Astrología? Lamento no estar de acuerdo con los positivistas del siglo pasado que afirmaban que la Astronomía era la hija cuerda de una madre loca. Astronomía –como indica su nombre– es simplemente la ciencia de la nominación y la relación mecánica entre los astros. La Astrología, en cambio, es la ciencia que trata del conocimiento profundo, o sea, del logos de los astros. Obviamente, no estoy hablando de la Astrología comercial que pueda aparecer en un periódico o en una revista, donde dice que “si usted es escorpio, hoy se va a encontrar mil pesetas”. Estamos hablando de una Astrología más profunda.
La Alquimia, ¿no es acaso anterior a la Química? Hoy las nuevas investigaciones se están acercando sospechosamente a ciertos postulados alquimistas. Los alquimistas medievales tenían un sistema que parece absurdo: evaporaban agua y la condensaban en un proceso que repetían miles de veces. Esto fue objeto de burla en el mundo científico del siglo pasado. En la actualidad, mediante computadoras, se ha acelerado el proceso permitiendo hacer más de un millón de veces esta evaporación y condensación del agua. Con gran sorpresa de los científicos actuales, pudo verse que, si bien los componentes eran iguales, había elementos de “agua pesada” en la resultante que había sido reconvertida tantas veces del estado líquido al gaseoso. Hubo un cambio en la estructura íntima del átomo. Lo verdaderamente asombroso fue descubrir que las personas envejecen fundamentalmente por la pérdida de la proporción de agua pesada en sus tejidos. O sea, que la vieja afirmación de los alquimistas de que existía un disolvente universal, un agua universal que al ser ingerida de una determinada manera permitía a los hombres una gran longevidad, no es algo que podamos despreciar[3].
Hoy sabemos que aquella gente conocía cosas que a nosotros se nos escapan. El esoterismo está detrás de gran parte de los descubrimientos antiguos. El esoterismo está también en las banderas y en los estandartes, pues en cada uno de ellos hay un significado oculto para el extranjero o simplemente ajeno, y muchas veces incluso, por desgracia, también para el nativo.
Lo exotérico es lo que se ve a simple vista, los signos, las figuras, los colores; lo esotérico es cuando se comprende a lo que se refiere: tan solo se ven banderas y estandartes que han ido a las guerras, que han sido sostenidos por miles de hombres que a veces dieron su vida por ellos. No por un trapo, ni por un trozo de género, sino por lo esotérico, por lo que simbolizaba ese “algo” que estaba impreso en un trozo de tela y que ondeaba en un sencillo palo de madera.
Hay simbolismo en todo lo clerical y en todo lo militar. Cuando vemos estrellas, bandas, formas de saludar, creemos que es simplemente algo práctico, algo que se utiliza para el mejor funcionamiento de las tropas. Pero no olvidemos que un tratado tan viejo como el Bhagavad Gita, conocido por muchos de nosotros, donde aparecen las hazañas de Krishna y Arjuna, se desarrolla justo en medio de un gran tratado hindú de la Antigüedad llamado Mahabharata, que significa “la gran guerra”. Y que Krishna da sus consejos filosóficos y metafísicos a Arjuna en un carro de batalla.
O sea, que la parte militar también tiene un trasfondo mágico, que no es externo, que no se puede ver con los ojos, pero que produce un efecto interior. Lo interesante es tratar de llegar al fondo de esa magia. Porque hay un “encantamiento” hasta en la forma de dar órdenes. Las órdenes mismas, en el mundo militar, son una suerte de mantras, o sea, de “voces sagradas”, que producen reacciones psicológicas determinadas cuando se saben dar y se saben escuchar.
El esoterismo subyace bajo todas las formas que conocemos. Es el “alfa” que se plasma en toda forma de civilización, en toda forma de cultura, en toda expresión humana que podamos utilizar. ¿Por qué decimos que es también el omega evolutivo?
Creo que el esoterismo, como interpretación de la Naturaleza, es lo que da sentido a nuestro mundo, un mundo que parece carecer de él. Habitualmente no tenemos algo fijo por lo que vivir ni morir. Vivimos porque no podemos hacer menos, y morimos por la misma razón. Pero no existe una real convicción de lo metafísico. Hay gente que va a las iglesias, gente que estudia esoterismo o que lee libros. Pero cuidan sus cuerpos más de lo que cuidan sus almas; están siempre pendientes de lo que comen, de lo que respiran, de dónde viven y de cómo están, pero no están pendientes de lo que leen, de lo que meditan, de lo que conversan. Esos son los que, en un supermercado, van y compran numerosas cosas con gran seguridad, ellos saben si quieren o no sardinas, si quieren pimientos, si quieren patatas, pero ante un movimiento filosófico, metafísico o esotérico no van a querer comprometerse en absoluto, porque no saben exactamente qué es lo que están buscando.
Estamos ante una humanidad desconcertada, ante millones y millones de personas que no saben qué es lo que buscan. Esos millones de jóvenes se van precipitando hacia un año dos mil, que desgraciadamente no va a ser el año dos mil que nos pintaban en los cómics de Flash Gordon, ese año dos mil maravilloso, con un gobierno mundial en donde todo era paz, todo era amor, en donde no había ladrones, no había asesinos, ese año dos mil en donde todos íbamos a ser jóvenes y durante cientos de años íbamos a ir a veranear a Marte, a Júpiter, íbamos a hacer viajes por la galaxia de Andrómeda. Ese año dos mil no nos está esperando, sino que será un año dos mil duro. Tal vez, si los ordenadores tienen razón, para el año dos mil vamos a tener entre seis y siete mil millones de habitantes en el mundo, casi el doble de lo que tenemos hoy. Pero no habrá el doble de puestos de trabajo, no habrá el doble de comida, no habrá el doble de oportunidades, por lo tanto se generará más lucha por los puestos de trabajo, por la comida y por cualquier tipo de oportunidad. Es una vuelta a una Edad Media, una vuelta a un principio salvaje de «sálvese quien pueda», es la supervivencia de los fuertes sobre los débiles a cualquier precio.
Si a ese momento, si a ese instante de la historia futura no le hallamos una interpretación, vamos a dejar de trabajar, de pensar, de soñar y hasta de vivir, como tantos y tantos que se están suicidando, ya que cada vez el suicidio es mayor, sobre todo en Europa y especialmente en la Europa Central. Gentes que ya no tienen por qué vivir ni cómo vivir y se suicidan en la flor de la vida. Hombres y mujeres que podían haber estudiado, formado una familia, amado, que podían haber conocido el mundo, alquilan aunque sea por un día una habitación alta de algún hotel y se lanzan de cabeza desde allí. Tanto es así que, por ejemplo, en el Hilton de Bruselas las ventanas solamente se pueden abrir dos dedos, no más. Os lo digo porque yo me quejé por el teléfono interno, pensando que estaba estropeada, preguntando por qué mi ventana no se podía abrir más, que yo no quería tanto aire acondicionado, que quería un poco de aire de fuera, y me dijeron: «perdón, pero las ventanas sólo se abren cuatro centímetros». Tan sólo podemos sacar un dedo por la ventana, nada más, no nos podemos suicidar, pero tampoco podemos tomar el aire. Eso es una muestra de los tiempos que corren.
Tenemos que hallarle un sentido interno a la vida, un sentido esotérico a la vida. Es solamente el esoterismo, la comprensión de los símbolos, la comprensión de nosotros mismos, lo que nos puede salvar de esta gran catástrofe, de este gran genocidio a nivel mundial, de este genocidio espiritual que nos lleva a todos a una especie de mutilación interna y externa. Debemos volver a interpretar la naturaleza, no basta ver los pájaros que vuelan, sino ver con cuánta inteligencia vuelan. Hace un par de semanas, estaba yo en Maracaibo dando un curso para los estudiantes acropolitanos de Venezuela y allí hay gran cantidad de aves migratorias, gran cantidad de patos marinos que vuelan sobre la playa, pero no vuelan de cualquier manera, sino que vuelan perfectamente en «v». Sabéis que esa formación ayuda a todos los que vienen detrás a cortar el aire, eso se descubrió en la Segunda Guerra Mundial, porque hasta la Primera Guerra Mundial los aviones no volaban en «v», sino que volaban en líneas escalonadas. En la Segunda Guerra Mundial, cuando los aviones cazas querían aumentar su velocidad y su ataque, empezaron a volar en «v» puesto que los conocimientos de la nueva aerodinámica les señalaba que eso permitía una mayor aceleración del conjunto. Mostraba yo esto a mis discípulos, para que viesen cómo estas simples aves migratorias, estos ánades podían hacer esas perfectas figuras en el cielo, que no eran figuras de dos o tres individuos, sino que eran ochenta, noventa o cien los individuos que estaban en el cielo.
Existe una especie de alma grupal, existe una especie de inteligencia colectiva que está rigiendo a esos animales. Los que sabéis zoología conocéis perfectamente que las aves prácticamente no tienen cerebro, tienen muy poco paleoencéfalo y prácticamente nada de neoencéfalo; un ave lo que tiene son los tálamos ópticos muy desarrollados. De ninguna manera estas aves pudieron haber deducido la forma en que tenían que volar para cortar el viento; aquel que dedujo eso, es alguien que tiene mucha mayor inteligencia y, sin embargo, no es visible, es invisible, es una especie de espíritu de la naturaleza que los rige[4].
Cuando les enseñaba esto a estos jóvenes y desde la playa veíamos pasar las bandadas de patos migratorios, poco a poco empezaron a ver una realidad que antes se les había escapado, y eso que estaban muy acostumbrados, estando en Maracaibo, a ver pasar los patos migratorios. Pero nunca se les había ocurrido pensar por qué estos patos migratorios iban en esa formación, y tanto es así, que como vuelan muy bajo, intentamos desarmarles la formación a propósito, sin hacerles ningún daño, sólo con ruidos, ramas y cosas que lanzábamos, pero ellos inmediatamente la retomaban. Aquello que los regía, aquella especie de ordenador o espíritu invisible, volvía a darles de nuevo una formación a todos ellos, a pesar de que al estar todos a la misma altura no podían verse prácticamente los unos a los otros. Eso es interpretar la naturaleza. El poder saber que las plantas tienen las hojas con su parte respiratoria hacia abajo, para no llenarse de polvo y de tierra, para poder respirar perfectamente; el estudiar que las flores tienen esos colores llamativos para atraer a las abejas y otros insectos y que les puedan ayudar en la reproducción; el ver de qué manera existen vasos capilares dentro de los troncos de los árboles, dentro de las ramas, que les permiten llevar el líquido hacia arriba. Tal vez alguno de vosotros nunca pensó eso.
¿Os gusta el agua de coco? ¿La habéis probado? El agua de coco está a quince o veinte metros de altura. ¿Quién levantó el agua de coco? Porque uno no piensa en eso, a uno le bajan el coco, se lo cortan, o compra el coco en el mercado, se toma el agua y dice: «¡Qué rica el agua de coco, viene del cocotero, qué buena!», pero ¿quién levantó el agua de coco hasta ahí arriba? En un cocotero de quince, veinte o treinta metros de altura, ¿quién levantó los cuarenta o cincuenta litros de agua que tienen en conjunto los cocos que están ahí arriba? Desde luego, no los levantó nadie con un cubo y con una cuchara, sino que eso fue levantado por sistemas de vasos capilares desde la tierra hacia arriba. Justamente, ¿dónde están los cocoteros, amigos míos? ¿En los lugares fértiles o en los lugares secos? En los lugares secos. Hay una cierta inteligencia en todo esto, parece que estuviese pensado.
Y cuando nosotros vemos la estructura de un pez, ¿no vemos acaso que ese pez tiene una estructura hidráulica enormemente pensada? ¿Y no sabemos acaso que hay seres como los camaleones que cambian de color para camuflarse? Y sabéis que el camuflaje los hombres lo descubrieron prácticamente en la guerra del catorce, porque antes no usaban camuflaje los soldados, sino que iban vestidos de azul, de rojo, de blanco, tocando tambores a la vista de todos, pero los demás con los fusiles los empezaron a mermar. Cuando se inventó el Máuser, sobre todo el Máuser modelo 26, que tiene un alcance efectivo de más de mil metros, en ese momento se empezó a inventar el camuflaje.
Pero el camuflaje existe en la naturaleza desde siempre. Hay mariposas en la zona tropical que cuando despliegan sus alas aparecen dos grandes ojos como de búho. ¿Para qué lo hacen? Para espantar a aquellas aves rapaces que temen a los búhos, que así no se les acercan, pero no son nada más que mariposas. Y existen serpientes, existen víboras que yo he visto en la selva de San Felipe en Venezuela, que parecen lo que dice el Buda, lianas. ¿Recordáis que el Buda en una parábola explica que aquel que va con miedo por el bosque, cuando toca una liana o toca la rama de un árbol se asusta porque cree que se trata de una serpiente? Bueno, pues no apliquéis eso en esa selva porque ahí son serpientes de verdad, sólo que tienen la forma y las manchas de los árboles, incluso parece que tuviesen sobre ellas gotas de rocío, es verdaderamente extraordinario.
Todo aquel que pensó eso, todos aquellos que pensaron eso, entran dentro de lo esotérico, un mundo magnífico, un mundo extraordinario de descubrir, fuera y dentro de nosotros mismos. ¿Qué es este mecanismo que nos permite dormir y estar despiertos?, ¿qué es esto que nos hace pensar a veces de golpe en una determinada persona y a los pocos días llega una carta de esa persona?, ¿qué es aquello que nos permite intuir o saber si vamos a tener un buen día o un mal día?, ¿qué es aquello que nos hace tener cierta resistencia frente a algunas personas y en cambio una gran afinidad por otras, que hasta querríamos estar todo el día junto a ellas?
Hay algo que, como diría Saint-Exupéry, está más allá de lo que se puede ver físicamente, es superior, es lo más importante, es aquello que no pueden ver los ojos, lo esencial, lo esotérico, el omega de la evolución.
NOTAS:
[1] Nota del editor:
No se ha podido identificar una publicación arqueológica que permita confirmar la carretera enterrada descrita. Se conserva el testimonio del conferenciante.
[2] Nota del editor:
La existencia de caminos sumergidos que conectasen Rapa Nui con otras islas o territorios no está establecida por la arqueología actual.
[3] Nota del editor:
No existe evidencia científica aceptada de que el envejecimiento humano se deba fundamentalmente a una pérdida de agua pesada en los tejidos. El agua pesada contiene deuterio; los cambios de fase por sí solos no transforman la estructura nuclear de los átomos.
[4] Nota del editor:
En la actualidad, la neurobiología moderna ha demostrado que las aves poseen cerebros complejos y capacidades cognitivas notables.
Créditos de las imágenes: Bastian Cimander





