El camino de Santiago

Autor: Delia Steinberg Guzmán

publicado el 24-07-2015

Historia y mito

Existe una historia tradicional, pero son más los interrogantes que nos crea que los que nos aclara.

Nueva Acrópolis - Basílica de SantiagoEl primer enigma es la propia personalidad del llamado Santiago el Mayor. Hijo de Zebedeo y de María Salomé; se considera hermano de Juan Evangelista y está junto al Señor en los primeros momentos de sus prédicas. Una vez ocurrida la crucifixión de Cristo, Santiago se dedica a enseñar; primero en Judea y Samaria, y luego se dice que viaja a España. En un medio totalmente hostil, donde prácticamente nadie le escucha, dicen algunos que consigue diez discípulos, otros que siete, otros que tres, y otros -tal vez los más acertados- que el único que acompañó a Santiago por España fue tan sólo un perro. Este perro es un símbolo clave, como veremos después, al intentar desentrañar el tema.

Santiago retorna a Judea y allí cae en las manos de Herodes Agripa, quien lo hace decapitar. Unos pocos discípulos fieles que le quedan en Judea, rescatan el cadáver del maestro, lo colocan en una barca sin timón y dejan que el destino la conduzca. El trayecto que recorre es prácticamente inverosímil: va a encallar en una de las rías de Galicia, en los reinos de Loba, en una ciudad que los romanos llamaban Iria Flavia, hoy conocida como Padrón, a unos pocos kilómetros de la actual Santiago de Compostela.

Los discípulos desembarcan el cadáver de su maestro y, según algunas versiones, lo colocan en un carro tirado por bueyes que, al igual que con la barca, dejan que siga solo su curso. Tras recorrer un trecho, los bueyes se niegan a caminar más. Deciden que ése es el punto ideal para enterrar al maestro.

Hay otras versiones que cuentan que los discípulos se presentan ante una extraña reina que gobernaba en aquel entonces la región: la reina Loba, a la que piden permiso para enterrar el cadáver de Santiago. La malvada reina les tiende una trampa y en vez de bueyes pacíficos, les da toros salvajes para conducir el carro. Llegan los discípulos fervorosos con su carga y, mágicamente, los toros quedan transformados en dulces bueyes. Los atan al carro y eligen un sitio para enterrar a su maestro. Algunos dicen que fue en un Monte Sagrado, el llamado Monte Sacro; otros opinan que fue el mismo palacio de la reina Loba, quien quedó completamente consternada al ver que aquellos a los que había enviado a la muerte, regresaban y le aseguraban que su palacio era el sitio elegido.

Según la tradición, cuando los discípulos desembarcan dejan a su maestro apoyado sobre una enorme roca, y este cadáver, que todavía guarda una gran fuerza y una tremenda magia, derrite la roca cual si fuese mantequilla, formando un hueco con la forma del cuerpo humano y quedando convertida en sarcófago. También cuenta la tradición que a los discípulos, cuando llevaban el cuerpo de su maestro a tierra, se les cubrieron los pies de pequeñas conchas que constituirán el símbolo de quien ha hecho un único trayecto y ha encontrado lugar donde quedarse.

La historia no tiene más datos hasta por lo menos 800 años después. Se pierde todo vestigio, hasta que en el 813, un ermitaño llamado Pelagio comienza a ver por las noches unas luces extrañas, resplandores de estrellas en lo alto de un montículo y, evitando tomar resoluciones propias, invita al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, para que viera de qué se trataba tal prodigio. El obispo hace cavar allí y desentierra nada más ni nada menos que a Santiago el Mayor….

¿Cómo es que, a pesar del tiempo transcurrido, quienes lo encuentran tras ocho siglos, reconozcan perfectamente a Santiago el Mayor? Levantan una pequeña capilla en homenaje al milagro que se ha producido, y desde entonces Santiago va a realizar una serie de proezas que influirán poderosamente en la mentalidad de todos los pueblos pirenaicos. A partir de entonces, gentes de esos pueblos se van a dirigir en peregrinación hacia el lugar del hallazgo.

La batalla de Clavijo contra los moros, en el año 844, ve reaparecer a Santiago montado en un fantástico caballo blanco, a la vez que arremete furiosamente con su famosa espada. Esa espada que es también una cruz, el símbolo con el que Santiago lucha contra sus enemigos.

En el año 899, Alfonso III edifica una basílica a Santiago; hacia fines de la década del 1000, y como esta antigua basílica había sido arrasada por Almanzor, se comienza a levantar la Catedral de Santiago; la antigua basílica queda sepultada en la parte interior cual si fuese una cripta profunda. El obispo de Santiago, Diego Gelmírez, también se dedica en cuerpo y alma a la tradición, al sentido mágico de la peregrinación, y logra que se decrete el 1100 como Año Santo Compostelano por el papa Calixto II, cuando la festividad de Santiago coincide con el día domingo.

Con los años, la primitiva Catedral ofrecía un pórtico muy estrecho en relación a la gran cantidad de peregrinos que llegaban, de ahí que se encargó al Maestro Mateo -otro extraño personaje- la ampliación del pórtico occidental; así nació el Pórtico de la Gloria: en su parte inferior aparecen los símbolos del mundo animal; luego viene el mundo humano de la Iglesia, con los profetas del Antiguo Testamento a la izquierda y los Apóstoles a la derecha, mientras que en lo alto de la columna central se encuentra Santiago. Por fin, en la parte superior se muestran el Cristo y los cuatro Evangelistas.

Delia Steinberg Guzmán.

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